Votar dos veces: el fenómeno que redefine la democracia digital en Perú
En la era de la hiperconexión, un fenómeno creciente redefine la relación entre ciudadanía y democracia: la necesidad de expresar preferencias políticas en redes sociales antes de depositar el voto en las urnas. Este acto, que algunos llaman «votar dos veces», no es una mera anécdota, sino una transformación profunda de la participación electoral. Entre la desinformación detectada por organismos como el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y el papel de las plataformas digitales en campañas, los electores navegan un ecosistema donde lo virtual influye cada vez más en lo real. Este artículo explora las causas, riesgos y oportunidades de esta nueva dinámica, apoyándose en datos recientes de investigación y análisis.
La doble votación: expresar preferencias en redes antes de las urnas
El artículo de opinión en El País titulado «Esos ciudadanos que votan dos veces» introduce una imagen poderosa: un ciudadano pasea a su perro mientras hojea un folleto electoral de Vox; el animal defeca en la acera. Esta escena cotidiana simboliza cómo muchos electores ya no se limitan a la decisión solitaria del voto, sino que anticipan, comparten y validan sus inclinaciones en el espacio público digital. Publicar un comentario, compartir un meme o dar «me gusta» a un candidato se ha convertido en una forma de posicionamiento político previo a la cita electoral.
Este comportamiento responde a una necesidad de pertenencia y validación social. Al expresar una preferencia en redes, el elector no solo informa, sino que busca reforzar su identidad política dentro de su círculo digital. Sin embargo, esta «segunda votación» virtual no es inocua: puede generar una falsa sensación de participación o distorsionar la percepción de la realidad electoral. El riesgo es que el ruido digital opaque las propuestas y los debates sustantivos, reduciendo la política a un espectáculo de likes y compartidos.
Desinformación y alertas: el desafío de la integridad electoral
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha detectado más de 700 alertas de desinformación en el contexto de procesos electorales, según su podcast «Elige Bien». Este dato revela la magnitud del desafío que enfrentan las autoridades para garantizar que la información que circula en redes no manipule la voluntad popular. Las fake news, los montajes y las campañas de desprestigio se propagan con velocidad viral, a menudo antes de que los organismos oficiales puedan desmentirlas.
La desinformación no solo afecta a votantes indecisos, sino que también polariza a quienes ya tienen preferencias definidas. Un elector que ya «votó» en redes puede ser más resistente a corregir información falsa, atrincherándose en su postura. Por ello, el JNE y otras instituciones deben trabajar en alfabetización digital y verificación en tiempo real. La transparencia y la educación cívica son las únicas herramientas capaces de contrarrestar este fenómeno que amenaza la integridad de los procesos democráticos.
Redes sociales como escenario de campañas electorales
Un estudio de ESAN señala que «muchos de los peruanos no buscan información electoral en este medio», refiriéndose a las redes sociales. Esta afirmación matiza la creencia de que las plataformas digitales son la principal fuente de información política. Si bien la mayoría de los ciudadanos las usan para entretenimiento o socialización, no necesariamente confían en ellas para orientar su voto. Sin embargo, los partidos y candidatos sí han volcado sus estrategias hacia estos canales, conscientes de su alcance masivo.
La paradoja es evidente: los electores no buscan información electoral en redes, pero están expuestos a ella de forma constante a través de algoritmos que priorizan contenido político. Esto genera un entorno donde la persuasión es indirecta y muchas veces subliminal. La docente de ESAN subraya que comprender el uso real que los votantes dan a las redes es clave para diseñar campañas efectivas y éticas. En lugar de saturar con propaganda, los candidatos deben apostar por diálogos genuinos y contenidos que aporten valor, respetando la inteligencia del elector.
La transformación digital y el acceso a la información
Un reel de Instagram con datos recientes indica que 24 millones de peruanos ya están conectados a internet, y el 80% accede a redes sociales. Este enorme alcance convierte a las plataformas en un termómetro de la opinión pública, pero también en un caldo de cultivo para la manipulación. La advertencia del mismo reel es tajante: «No todo lo que vemos o consumimos dentro de las redes es democracia». La calidad de la información política en estos espacios es heterogénea, mezclando datos verificados con bulos, sátira y propaganda.
El acceso masivo a internet ha democratizado la difusión de ideas, pero también ha fragmentado el debate público. Los electores ya no consumen un discurso unificado desde medios tradicionales, sino que se enclaustran en burbujas informativas donde solo encuentran refuerzo a sus propias creencias. Esta dinámica puede exacerbar la polarización y dificultar la construcción de consensos. Para que las redes contribuyan realmente a la democracia, se requiere un uso crítico y responsable por parte de los ciudadanos.
Nuevas tecnologías y sistemas de votación: certezas en revisión
La literatura académica, como la publicada en la revista Elecciones de la ONPE, analiza la introducción de sistemas de voto electrónico y otras TIC en procesos electorales. Aunque se ha asumido que estas tecnologías aumentan la eficiencia y la transparencia, el artículo «Reconsiderando las certezas» invita a revisar esos supuestos. La posibilidad de que el elector exprese preferencias entre candidatos mediante dispositivos digitales no elimina los riesgos de manipulación, fallos técnicos o brechas de acceso.
El debate sobre la tecnología electoral es complejo: por un lado, puede facilitar la participación de personas con discapacidad o en zonas remotas; por otro, introduce vulnerabilidades cibernéticas. Lo cierto es que la digitalización del voto no puede desligarse del contexto social de las redes. Si un elector ya «votó» múltiples veces en encuestas online o sondeos informales, puede generar expectativas irreales sobre los resultados. Las autoridades electorales deben asegurar que el acto de votar en las urnas conserve su carácter solemne y vinculante, más allá de la presión de las tendencias digitales.
Consecuencias para la democracia: entre la expresión y la fragmentación
La necesidad de expresar preferencias en redes antes de las urnas tiene consecuencias profundas para la salud democrática. Por un lado, fomenta una ciudadanía más activa y visible, que discute públicamente sus opciones. Por otro, puede generar una cultura de la inmediatez donde el voto se decide por la emoción del momento y no por un análisis reflexivo. Las campañas políticas, al detectar estas dinámicas, priorizan la viralidad sobre la solidez de las propuestas.
Expertos señalan que la combinación de desinformación, burbujas informativas y doble votación digital erosiona la confianza en los procesos electorales. Cuando el resultado de las urnas no coincide con la percepción creada en redes, surgen acusaciones de fraude o manipulación. Para mitigar estos riesgos, es esencial fortalecer la educación mediática, la transparencia algorítmica y los mecanismos de verificación independientes. La democracia del siglo XXI debe aprender a convivir con la viralidad sin sacrificar la deliberación seria.
Conclusión
El fenómeno de «votar dos veces» –primero en redes y luego en las urnas– refleja una transformación irreversible de la participación política. Los datos del JNE, los análisis de ESAN y las reflexiones académicas coinciden en que las redes sociales son un escenario de doble filo: amplifican voces pero también desinformación; movilizan electores pero también fragmentan el debate. La clave no está en demonizar las plataformas, sino en educar a los ciudadanos para que naveguen críticamente en ellas. Al final, la decisión soberana sigue estando en el voto físico, pero su entorno digital condiciona cada vez más su fundamento. La democracia exige hoy ciudadanos que sepan distinguir entre un like y una papeleta.

