Bloque conservador imparable en España, salvo en Andalucía: ¿por qué?
El auge imparable del bloque conservador: un fenómeno electoral con una sola excepción
En los últimos ciclos electorales en España, el bloque formado por el Partido Popular y Vox ha experimentado un crecimiento sostenido en prácticamente todas las citas con las urnas, con una única y significativa excepción: Andalucía. Mientras el PP de Alberto Núñez Feijóo da por hecho que su tendencia alcista es imparable, el Gobierno de Pedro Sánchez confía en que la movilización de su electorado de izquierdas —lo que denominan la «movilización de generales»— puede revertir la dinámica, como ya ocurrió en las elecciones generales de 2023. Este artículo analiza las claves de este pulso político, los datos que sustentan ambas lecturas y lo que realmente está en juego para el futuro del país.
El bloque conservador gana terreno en toda España, menos en Andalucía
Los datos recogidos por EL PAÍS confirman una tendencia clara: el bloque conservador ha subido en todos los últimos comicios celebrados en España, salvo en Andalucía, donde su avance se ha frenado ligeramente. Esta excepción andaluza resulta llamativa, pues la comunidad gobernada por Juanma Moreno (PP) fue precisamente el primer gran bastión donde la derecha logró desbancar al PSOE de forma absoluta en 2018. Sin embargo, en las elecciones autonómicas de 2022, el PP andaluz mantuvo su mayoría holgada sin necesidad de Vox, pero el porcentaje de voto conjunto del centro-derecha no experimentó un salto significativo, e incluso se estabilizó.
El resto del territorio nacional ha visto un incremento sostenido de los votos hacia PP y Vox, especialmente en comunidades donde la izquierda gobernaba con apoyos minoritarios o donde la fragmentación del voto favorecía a la derecha. Este fenómeno se repite en municipios, diputaciones y en las elecciones europeas de 2024, donde el bloque conservador superó por primera vez a la suma de PSOE, Sumar y sus socios. La percepción generalizada, según fuentes del PP, es que la tendencia es «estructural y no coyuntural», basada en el desgaste del Gobierno central y en la polarización creciente del electorado.
Andalucía: el freno que desconcierta a la estrategia de la derecha
¿Por qué Andalucía se ha convertido en el punto débil de la ola conservadora? Los analistas apuntan a varias razones. En primer lugar, el gobierno de Juanma Moreno ha logrado un perfil moderado y gestor que atrae a votantes del centro, incluso a exvotantes socialistas. Este efecto «morenismo» ha hecho que el PP andaluz no necesite un discurso de confrontación extrema, lo que a su vez limita el espacio de Vox. En segundo lugar, el PSOE andaluz, liderado por Juan Espadas, ha conseguido recomponerse parcialmente tras la debacle de 2018, movilizando a su núcleo duro y frenando la fuga de votos hacia la derecha.
El dato relevante es que, aunque en Andalucía el bloque conservador no sube, tampoco baja de forma significativa. Se trata de un estancamiento en un nivel alto, pero que rompe la narrativa del «imparable ascenso» que el PP intenta vender a nivel nacional. Para el Gobierno, esta excepción andaluza es un argumento de esperanza: si en la comunidad más poblada y tradicionalmente de izquierdas el avance conservador se ha detenido, la tendencia nacional podría no ser irreversible si se logra replicar ese modelo de movilización en el resto del país.
El PP se siente imparable: la narrativa del cambio de ciclo
En las filas del Partido Popular hay un convencimiento profundo de que el ciclo político está cambiando a su favor. La victoria en las elecciones generales de julio de 2023, aunque sin mayoría suficiente para gobernar, fue interpretada internamente como un mandato de cambio. Como recoge la información de RTVE, el PP ganó esos comicios, pero el PSOE aguantó y se abrió un escenario de ingobernabilidad que finalmente resolvió Pedro Sánchez con su investidura. Sin embargo, el PP considera que esa victoria fue el inicio de una tendencia que se consolida en cada nueva cita electoral.
Feijóo y su equipo repiten constantemente que «España no puede permitirse otros cuatro años de Sánchez», y esa frase resuena en las encuestas. El discurso del PP combina críticas a la gestión económica y a la política territorial del Gobierno (con especial énfasis en la amnistía y el concierto catalán) y una promesa de estabilidad y moderación. La ausencia de un líder fuerte en el espacio de la izquierda alternativa (Sumar) y el desgaste por la legislatura de coalición juegan a favor de los populares, que ven en cada sondeo una confirmación de su imparable ascenso.
El Gobierno cree que todo está por escribir: la lección de 2023
En la Moncloa, sin embargo, la lectura es diametralmente opuesta. El Gobierno de Pedro Sánchez sostiene que la movilización de los «generales» —la base electoral de la izquierda y los partidos periféricos— puede torcer la tendencia, tal como ocurrió en los comicios generales de 2023. Aquella noche electoral, el bloque de la derecha (PP+Vox) sumó 172 escaños, pero la izquierda y sus socios lograron 178 con una movilización de última hora que sorprendió a todos los sondeos. La frase «todo está por escribir» es un lema recurrente en el Ejecutivo, que recuerda que las elecciones no se ganan con encuestas, sino con voto.
La estrategia del PSOE pasa por dos ejes: la polarización emocional (el «Sánchez o el caos») y la advertencia de los riesgos de un gobierno de PP y Vox. Los socialistas confían en que, a medida que se acerquen las próximas elecciones generales —previstas para 2027, aunque podría haber adelanto—, el miedo a una coalición de derechas radicales movilice a los votantes indecisos de izquierdas. Además, la reciente recuperación de los datos macroeconómicos y la inflación bajo control son argumentos que el Gobierno esgrime para frenar la ola conservadora. La pregunta es si la movilización de 2023 fue un cisne negro o una pauta reproducible.
Escenarios de gobernabilidad: ¿mayoría conservadora o repetición de 2023?
El gran dilema es si el bloque conservador logrará sumar mayoría absoluta en unas futuras generales. Los resultados de 2023 mostraron que, aunque el PP gane, la suma con Vox puede quedarse a las puertas de la mayoría absoluta (176 escaños). Como señaló el análisis de RTVE, «ni el bloque PP y Vox suman mayoría absoluta ni la mayoría alternativa de PSOE, Sumar y socios parlamentarios». Este empate técnico abre la puerta a múltiples escenarios: desde un gobierno en minoría del PP con apoyos puntuales de Vox, hasta un nuevo pacto de izquierdas si la movilización vuelve a funcionar.
En Andalucía, el freno conservador sugiere que la derecha no puede dormirse en los laureles. La clave estará en la capacidad de Vox para moderar su discurso y sumar votos del centro, y en la habilidad del PP para seducir a los votantes que huyeron del PSOE pero que temen a la ultraderecha. Por su parte, el Gobierno necesita mantener unido a su heterogéneo bloque de investidura —desde ERC hasta EH Bildu— y evitar que la fatiga legislativa o los escándalos de corrupción desgasten su imagen. El pulso está servido, y la próxima cita electoral será decisiva.
Lo que está en juego: la tendencia vs. la movilización
El análisis de la evolución electoral del bloque conservador muestra un avance real y sostenido, pero la excepción andaluza y la remontada de 2023 demuestran que las tendencias no son ley. El PP juega con la ventaja de la inercia y el desgaste del Gobierno, mientras el PSOE apuesta por la capacidad de reacción de su electorado y la fragmentación del voto de derechas. Lo que parece claro es que, en un escenario de empate técnico, cualquier variable —un error de campaña, un escándalo, una crisis inesperada— puede inclinar la balanza. La historia política reciente enseña que, en España, los bloques se mueven, pero no se rompen del todo. El «imparable» puede tropezar, y el «todo por escribir» puede encontrar una narrativa escrita de antemano. La ciudadanía, una vez más, tendrá la última palabra en las urnas.
En conclusión, el bloque conservador ha experimentado un crecimiento real en todos los últimos comicios, con la singular excepción de Andalucía, donde su avance se ha estancado. Mientras el PP interpreta esta tendencia como un cambio de ciclo imparable, el Gobierno confía en repetir la movilización que le permitió salvarse en 2023. La realidad es que el equilibrio de fuerzas es tan ajustado que cualquier pronóstico es arriesgado. La política española transita por una fase de alta volatilidad, en la que las tendencias a largo plazo chocan con la capacidad de reacción del voto de izquierdas. Los próximos meses serán clave para saber si el bloque conservador consolida su mayoría o si la «movilización de generales» vuelve a escribir un guion inesperado.

