“Tú elegiste”: La paradoja de la desconfianza política en el Perú actual
Prender la televisión y encontrarse con un nuevo escándalo de corrupción se ha convertido en una triste rutina para muchos peruanos. En este contexto, la reflexión de la joven abogada María José de Piérola en el programa “Sobremesa” de Diana Seminario ha calado hondo en las redes sociales. Su frase, “Y aun así, el sistema te exige confiar, pero también te culpa: ‘tú elegiste’”, sintetiza la frustración de una generación atrapada entre el deber cívico y la decepción institucional. Este artículo profundiza en esta poderosa idea, explorando las raíces de la desconfianza política, la validez de la culpa asignada al ciudadano y las posibles salidas a este ciclo de desencanto que amenaza los cimientos de la democracia peruana.
La voz de una generación: María José de Piérola en “Sobremesa”
La intervención de la abogada María José de Piérola, difundida ampliamente por El Comercio en formatos de video para Facebook, YouTube Shorts e Instagram Reels, no es un lamento aislado. Representa el sentir de miles de jóvenes y ciudadanos que observan cómo la clase política reiteradamente defrauda la confianza pública. Su aparición en un espacio de conversación como “Sobremesa” le da un marco de reflexión serena pero contundente a un malestar generalmente expresado con indignación en las redes.
El contenido, titulado “¿Votar o no creer? La desconfianza política de una joven en Perú”, pone el dedo en la llaga de una contradicción fundamental. Por un lado, se nos insta a participar en el sistema democrático mediante el voto. Por otro, cuando los elegidos fallan, la respuesta simplista que a menudo se escucha –desde ciertos sectores políticos y mediáticos– es señalar al electorado, liberando a las instituciones y a los profesionales de la política de su responsabilidad directa. Piérola canaliza la percepción de que el ciudadano es tratado como un convidado de piedra: necesario para legitimar el sistema, pero ignorado en su demanda de rendición de cuentas.
La paradoja del “tú elegiste”: entre la culpa y la manipulación
La frase “tú elegiste” se erige como el eje de la crítica. Funciona como un mecanismo de doble filo. En teoría, refuerza la noción de responsabilidad ciudadana: nuestras decisiones en las urnas tienen consecuencias. Sin embargo, en la práctica peruana reciente, esta frase suele usarse de manera descontextualizada y desmovilizadora. Se convierte en un lugar común para cerrar debates, invalidar críticas y fomentar una resignación nociva.
La paradoja estriba en que este reclamo de responsabilidad al ciudadano rara vez viene acompañado de una autocrítica equivalente del sistema político que presenta opciones limitadas, candidatos con historiales cuestionables o campañas basadas en el marketing antes que en proyectos sólidos. Como señala implícitamente la abogada, el sistema “exige confiar” en estructuras que constantemente demuestran no ser confiables, y luego, cuando colapsan, transfiere el peso del fracaso a quienes, con esperanza o escepticismo, depositaron un voto. Es una dinámica que exime a los actores principales de su deber y profundiza el cinismo.
El paisaje de la desconfianza: datos y contexto peruano
La desconfianza expresada por Piérola no es una sensación subjetiva, sino que refleja una realidad mesurable. Perú figura consistentemente entre los países con mayores índices de desconfianza política y percepción de corrupción en América Latina. La continua sucesión de crisis políticas, presidentes con mandatos truncados y escándalos de toda índole ha creado un círculo vicioso de desafección.
Cuando los ciudadanos prenden las noticias y “todo es corrupción”, como describe la joven abogada, se alimenta una narrativa de fracaso sistémico. Esta saturación de información negativa sin resultados concretos en justicia o regeneración tiene un efecto corrosivo. La gente no solo desconfía de un gobierno específico, sino del mecanismo democrático representativo en su conjunto. Esta es una señal de alarma extrema, pues cuando se pierde la fe en la vía pacífica y electoral para el cambio, se abren espacios para discursos autocráticos o la completa apatía.
¿Votar o no creer? Un falso dilema para el ciudadano
El título de los videos virales plantea una pregunta aparentemente binaria: ¿Votar o no creer? Esta disyuntiva es, en sí misma, sintomática del problema. La democracia saludable no debería obligar a sus ciudadanos a elegir entre participar o mantener su integridad cívica (creer). Ambas deberían ir de la mano. La desconfianza, cuando es fundada, no tiene por qué traducirse en abstención; puede y debe traducirse en vigilancia activa, exigencia y participación crítica.
El mensaje subyacente en la reflexión de “Sobremesa” es que el acto de votar ha sido vaciado de parte de su significado. Se ha reducido a un ritual donde la opción real, para muchos, no es entre proyectos, sino entre el “menos peor” o el voto nulo como protesta. Recuperar la fe en el proceso requiere desligar el concepto de “creer” de una fe ciega en los candidatos, y vincularlo a la creencia en la propia capacidad de la ciudadanía para organizarse, auditar y castigar en las urnas a quienes defraudan.
Más allá del voto: la responsabilidad que no se delega
Superar la paradoja del “tú elegiste” implica entender que la responsabilidad ciudadana no termina –ni empieza– en el momento de sufragar. Delegar el poder en un representante no es delegar la vigilancia. La culpa que pretende asignar el sistema es eficaz solo si el ciudadano acepta un rol pasivo. La alternativa es asumir una responsabilidad continua que implica informarse, discutir, proponer y, sobre todo, demandar transparencia y resultados.
Esto requiere, a su vez, instituciones que faciliten esa participación y no la obstaculicen. Un sistema que verdaderamente respete al elector debe garantizar acceso a información clara, canales efectivos de rendición de cuentas y mecanismos como la revocatoria o la denuncia que tengan dientes reales. La queja de la generación de Piérola es, en el fondo, una demanda por un contrato social renovado, donde las obligaciones sean mutuas y la frase “tú elegiste” sea el inicio de una conversación sobre cumplimiento de promesas, no el final de un reclamo.
Construyendo confianza desde lo micro: el antídoto al cinismo
Frente a un panorama nacional desalentador, la reconstrucción de la confianza quizá deba comenzar desde escalas más manejables y tangibles. La desconfianza macro hacia el Congreso o el Ejecutivo puede paralizar, pero la acción local, el control a los gobiernos regionales y municipales, y el apoyo a iniciativas de integridad en espacios concretos (universidades, gremios, asociaciones de vecinos) generan experiencias positivas de incidencia real.
La viralización del clip de María José de Piérola es, irónicamente, un síntoma de esperanza. Muestra que hay una sed de diálogo y reflexión profunda sobre estos temas. Espacios como “Sobremesa” y el posterior debate en redes son el caldo de cultivo para una ciudadanía más informada y menos manipulable. El antídoto al “tú elegiste” usado como arma arrojadiza es responder con un “sí, elegí, y ahora exijo que rindas cuentas”. Transformar la culpa en exigencia es el primer paso para romper el ciclo.
Conclusión: De la frustración a la exigencia activa
La poderosa intervención de la abogada María José de Piérola en “Sobremesa” logró encapsular la frustración de un país que, pese a su rica vida democrática formal, se siente atrapado en una dinámica de desencanto. La paradoja del sistema que exige confianza y luego culpa al ciudadano con un “tú elegiste” es el reflejo de una democracia inmadura, donde la responsabilidad política no se asume en las altas esferas. Sin embargo, como se ha visto, este diagnóstico no debe conducir a la resignación. La verdadera salida no está entre votar o no creer, sino en redefinir lo que significa creer: pasar de la fe pasiva en los líderes a la creencia activa en la capacidad de la ciudadanía para controlar, reformar y sanear. El camino es largo y complejo, pero comienza con debates tan necesarios como el que esta joven profesional ayudó a instalar, transformando el malestar individual en una conversación nacional urgente.

