La Estrategia de Keiko Fujimori para «Cuidar los Votos» en Carabayllo
En un escenario político marcado por la desconfianza y las denuncias de irregularidades electorales, la candidata presidencial Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, realizó un llamado directo a un grupo de ciudadanos en el distrito de Carabayllo, al norte de Lima. Durante una actividad proselitista, la postulante instó a los asistentes a inscribirse como personeros de su agrupación con el objetivo explícito de «cuidar los votos» en la segunda vuelta electoral. Esta solicitud no surge en un vacío, sino que se enmarca en un contexto de crecientes cuestionamientos contra la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) por las irregularidades registradas el pasado 12 de abril. La medida refleja una estrategia de movilización de base que busca blindar el proceso electoral desde adentro, aprovechando el descontento y la desconfianza generada por fallas institucionales previas.
La convocatoria de Fujimori en Carabayllo no fue un acto aislado. La candidata recordó a los simpatizantes que «ya hemos visto que han querido limitar» el proceso, una frase que alude directamente a incidentes previos y que busca activar una respuesta proactiva entre sus seguidores. Al pedir que se conviertan en personeros, Fujimori intenta transformar la preocupación en acción concreta, asegurando que cada mesa de votación cuente con un representante capacitado para fiscalizar el sufragio y el conteo de actas. Esta táctica es común en contextos de alta polarización, pero adquiere una relevancia especial cuando se combina con denuncias públicas de manipulación del sistema electoral.
Cuestionamientos a la ONPE: El Trasfondo de la Desconfianza
El llamado de Keiko Fujimori se produce en un momento en que la ONPE enfrenta duras críticas por su desempeño. Las irregularidades registradas el pasado 12 de abril, durante una etapa clave del calendario electoral, han sido calificadas por diversos actores políticos como «preocupantes» y «graves». Entre los incidentes reportados, destacan errores en la actualización del padrón electoral, demoras en la logística de entrega de material electoral y fallos en la transmisión de datos desde mesas de votación remotas. Estos problemas, aunque puntuales, han sido amplificados por las campañas de Fuerza Popular y otras fuerzas políticas, que los presentan como evidencia de una posible vulnerabilidad del sistema.
La desconfianza hacia la ONPE no es nueva, pero se ha intensificado en esta contienda. La candidata Fujimori ha utilizado estos errores como un argumento central para justificar la necesidad de tener personeros capacitados y vigilantes. En sus declaraciones, la lideresa de Fuerza Popular enfatizó que «no podemos permitir que el voto de los peruanos sea manipulado» y que la presencia de fiscalizadores de su partido es la única garantía real de transparencia. Esta narrativa coloca a la ONPE en una posición defensiva y profundiza la brecha de credibilidad entre la institución electoral y una parte significativa del electorado.
El Rol Estratégico de los Personeros en la Segunda Vuelta
La figura del personero electoral es esencial para la transparencia de cualquier proceso, pero en contextos de alta tensión como el actual, su labor se vuelve crítica. Los personeros son los representantes de los partidos políticos en las mesas de sufragio y tienen la responsabilidad de velar por la legalidad del voto, firmar actas, impugnar irregularidades y reportar cualquier anomalía a sus respectivas organizaciones. En la segunda vuelta presidencial, donde la diferencia de votos puede ser mínima, contar con una red amplia de personeros capacitados puede marcar la diferencia entre una elección aceptada y una disputada legalmente.
Fuerza Popular ha desplegado una campaña intensiva para reclutar personeros, especialmente en zonas donde el voto de su candidata es fuerte, como el norte de Lima. Carabayllo, un distrito populoso y con altos índices de participación, se convierte en un punto estratégico. Al pedir a los ciudadanos que se sumen como personeros, Fujimori no solo busca fiscalización, sino también movilización política. Cada personero se convierte en un activista que, además de vigilar, puede influir en su entorno social para asegurar la concurrencia y la correcta emisión del voto. La ONPE, por su parte, ha reiterado que la presencia de personeros es un derecho garantizado, pero advierte que deben cumplir con los protocolos establecidos para no entorpecer el proceso.
Estrategia de Fuerza Popular: Del Discurso a la Acción Ciudadana
El discurso de «cuidar los votos» encaja perfectamente en la estrategia comunicacional de Fuerza Popular. La candidata ha construido una narrativa de víctima del sistema, sugiriendo que existen fuerzas ocultas que buscan perjudicar su candidatura. Al hacer un llamado directo a los simpatizantes para que se inscriban como personeros, transforma la queja pasiva en una acción participativa. Esto no solo fortalece el vínculo del partido con su base, sino que también genera una sensación de pertenencia y responsabilidad compartida en la defensa del voto.
Además, esta estrategia cumple un doble propósito: por un lado, prepara a la militancia para un eventual escenario de disputa electoral, donde los personeros serán la primera línea de defensa legal; por otro lado, presiona a la ONPE y al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) para que extremen sus controles. La petición de Fujimori en Carabayllo fue acompañada de datos concretos sobre el número de personeros que se necesitan y los lugares donde la presencia de Fuerza Popular es más débil. Este enfoque táctico busca cubrir cada mesa de votación con al menos un representante, minimizando así los riesgos de fraude o error no detectado.
Reacciones y Controversias: El Debate sobre la Integridad Electoral
La solicitud de Keiko Fujimori ha generado reacciones divididas. Sectores de la oposición y analistas políticos advierten que el énfasis en «cuidar los votos» puede alimentar una narrativa de fraude que, de no materializarse, dejaría una estela de desconfianza institucional. Por otro lado, desde la ONPE han respondido que el sistema electoral peruano cuenta con múltiples filtros de seguridad y que la presencia de personeros es una práctica normal y bienvenida, siempre que se enmarque en el respeto a las normas. Sin embargo, el tono de Fujimori, al mencionar que «ya han querido limitar» el proceso, sugiere una acusación implícita contra la propia ONPE, lo que ha sido criticado como un intento de deslegitimar al organismo electoral antes de la segunda vuelta.
En las redes sociales y medios de comunicación, el debate se ha intensificado. Mientras que los simpatizantes de Fuerza Popular ven en esta movilización una necesaria defensa de la democracia, los críticos señalan que el llamado podría incentivar la polarización y la confrontación en los centros de votación. Organismos de observación internacional han recomendado que los partidos políticos capaciten adecuadamente a sus personeros para evitar incidentes y garantizar que su labor sea constructiva. En este contexto, el pedido de Fujimori no solo es una medida de contingencia, sino también una jugada política para mantener a su base movilizada y alerta, incluso después de la jornada electoral.
Implicaciones para la Democracia y la Gobernabilidad Futura
La desconfianza en el sistema electoral es un síntoma grave para cualquier democracia. Cuando una candidata presidencial —quien potencialmente podría gobernar el país— expresa dudas sobre la imparcialidad de la ONPE y llama a sus seguidores a «cuidar los votos», se corre el riesgo de condicionar la aceptación de los resultados. Si Keiko Fujimori pierde la segunda vuelta, esta narrativa previamente sembrada podría servir como justificación para impugnar el proceso, generando una crisis de gobernabilidad. Por el contrario, si gana, la desconfianza inicial hacia la ONPE podría traducirse en una relación tensa entre el nuevo gobierno y el organismo electoral, afectando futuras reformas.
El llamado en Carabayllo también revela la fragilidad de los mecanismos de confianza en la administración electoral peruana. Las irregularidades del 12 de abril no pueden pasarse por alto, pero tampoco deben utilizarse como un comodín para desacreditar a toda la institución. La transparencia del proceso depende tanto de la ONPE como de la responsabilidad de los actores políticos de no avivar fuegos innecesarios. El rol de los personeros es legítimo y necesario, pero debe ejercerse dentro de los cauces legales, sin caer en la confrontación directa ni en la obstrucción del voto. La democracia peruana, ya golpeada por la inestabilidad política, necesita que todos los participantes colaboren para que la segunda vuelta sea un ejemplo de madurez cívica, y no un campo de batalla de desconfianzas.
Conclusión: Entre la Vigilancia y la Desconfianza, el Futuro del Voto
La petición de Keiko Fujimori a los ciudadanos de Carabayllo para que se inscriban como personeros resume la tensión que atraviesa el proceso electoral peruano. Por un lado, refleja una legítima preocupación por la transparencia, exacerbada por las irregularidades de la ONPE del 12 de abril. Por otro lado, expone una estrategia que puede profundizar la polarización y la desconfianza institucional, amenazando la legitimidad de los resultados. El llamado a «cuidar los votos» es una respuesta previsible ante fallas reales, pero su efectividad dependerá de cómo se ejecute. Si los personeros actúan con profesionalismo y dentro del marco legal, contribuirán a la transparencia; si se convierten en instrumentos de confrontación, perjudicarán la convivencia democrática. En última instancia, la responsabilidad de garantizar unas elecciones limpias recae tanto en la ONPE como en los partidos políticos y los ciudadanos. La verdadera prueba para la democracia peruana no solo será el acto de votar, sino la capacidad de aceptar colectivamente el veredicto de las urnas, más allá de los temores y las acusaciones.

