Encovi 2025 revela mejora en ingresos pero 1,2 millones de niños sin escuela
El panorama contradictorio de Venezuela según la Encovi 2025
La más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2025, elaborada por un equipo de universidades venezolanas, revela una realidad dual que define el día a día de millones de hogares. Por un lado, se observan signos alentadores: los ingresos de las familias han mejorado y el empleo formal muestra un leve crecimiento después de años de contracción. Sin embargo, estos avances económicos contrastan de manera dramática con la persistencia de carencias estructurales. El estudio, cuyos datos han sido cubiertos por medios como El País América, destaca que apenas el 10% de los venezolanos disfruta de un suministro eléctrico ininterrumpido, mientras que 1,2 millones de niños y adolescentes permanecen fuera del sistema escolar. Este artículo profundiza en las cifras clave de la encuesta para entender cómo la recuperación parcial del bolsillo no ha logrado resolver los problemas más básicos de infraestructura y desarrollo social.
La mejora de los ingresos y el empleo formal: una recuperación frágil
La Encovi 2025 documenta un repunte en los ingresos de los hogares venezolanos, impulsado principalmente por la dolarización parcial de la economía y la flexibilización de los controles cambiarios. Según el análisis publicado por El País, los salarios en dólares han aumentado en sectores como el comercio y los servicios, lo que ha permitido a muchas familias mejorar su capacidad de compra de alimentos y bienes básicos. Este incremento, aunque todavía insuficiente para cubrir la canasta alimentaria completa, representa un respiro tras años de hiperinflación y erosión del poder adquisitivo.
Paralelamente, la encuesta registra un crecimiento modesto del empleo formal. El porcentaje de trabajadores con contrato registrado y acceso a prestaciones sociales ha pasado de niveles críticos a una cifra ligeramente superior, aunque sigue siendo bajo en comparación con estándares históricos. Sin embargo, este dato debe leerse con cautela: el informe destaca que la mayoría de los nuevos puestos formales se concentran en la economía de servicios y en empresas pequeñas, muchas de ellas operando en la informalidad parcial. La mejora es real, pero frágil y vulnerable a cualquier shock externo o cambio en las políticas públicas.
La crisis eléctrica: solo el 10% de los hogares tiene suministro continuo
Uno de los hallazgos más impactantes de la Encovi 2025 es la profundidad de la crisis del servicio eléctrico. El estudio revela que únicamente el 10% de los venezolanos cuenta con electricidad las 24 horas del día durante todos los días del mes. El resto de la población sufre apagones programados, cortes intempestivos o fluctuaciones de voltaje que dañan electrodomésticos y afectan la vida cotidiana. La frase «vivir sin luz sigue siendo la norma para la mayoría», utilizada en la cobertura de la encuesta, condensa una realidad que condiciona desde la conservación de alimentos hasta el estudio de los niños.
Las consecuencias de esta falla estructural van más allá de la incomodidad. Los hogares deben destinar una parte significativa de sus ingresos a la compra de plantas eléctricas, paneles solares o baterías, lo que reduce el margen para otros gastos esenciales. Además, los apagones afectan directamente la productividad de los trabajadores independientes y pequeños comerciantes, que ven interrumpida su jornada laboral. La encuesta subraya que, sin una solución al problema eléctrico, cualquier mejora en los ingresos es parcial, ya que el costo de la energía se convierte en un impuesto invisible para las familias.
1,2 millones de niños fuera de la escuela: la emergencia educativa
Otro dato alarmante que arroja la Encovi 2025 es la exclusión educativa que afecta a 1,2 millones de niños y adolescentes en Venezuela. Esta cifra representa un retroceso significativo respecto a los indicadores de cobertura que el país ostentaba hace una década. Las causas son múltiples: la migración de familias enteras, el deterioro de la infraestructura escolar, la falta de transporte y, sobre todo, la necesidad de que los niños trabajen para contribuir al ingreso familiar.
El abandono escolar no es homogéneo. La encuesta detalla que la deserción es mayor en los niveles de secundaria y en las zonas rurales o periurbanas, donde las oportunidades educativas son más escasas. Además, muchos niños que asisten a la escuela lo hacen de manera intermitente, lo que compromete su aprendizaje. Este fenómeno tiene implicaciones de largo plazo: una generación con menor formación académica tendrá menos herramientas para insertarse en empleos calificados, perpetuando el ciclo de pobreza. Organismos como la ENCOVI (Proyecto Encovi) han señalado que la emergencia educativa requiere una respuesta urgente y coordinada entre el Estado, las ONG y el sector privado.
Pobreza y pobreza extrema: un descenso insuficiente
La encuesta también registra una disminución en los índices de pobreza. Según el informe, el 68,5% de los hogares venezolanos se encuentra en situación de pobreza, una cifra que, aunque todavía muy alta, representa una mejora con respecto a años anteriores cuando se acercaba al 80%. La pobreza extrema, que mide la incapacidad de cubrir la canasta alimentaria básica, se sitúa en el 31,7%, lo que significa que casi un tercio de la población no tiene garantizada la alimentación diaria.
Detrás de estas cifras hay realidades diversas. La mejora en los ingresos ha permitido que algunos hogares salgan de la pobreza extrema y pasen a la pobreza moderada, pero siguen viviendo al límite. La cobertura de El País América en redes sociales destaca que los salarios y la vivienda son los temas que centran las movilizaciones ciudadanas, ya que el acceso a una vivienda digna sigue siendo un sueño inalcanzable para la mayoría. La reducción de la pobreza es real, pero insuficiente y vulnerable, especialmente si la economía mundial entra en recesión o si se revierten las pocas políticas de protección social vigentes.
Empleo formal versus informal: el peso de la economía sumergida
A pesar del leve crecimiento del empleo formal, la Encovi 2025 confirma que la informalidad sigue siendo el principal motor laboral en Venezuela. Más de la mitad de los trabajadores se desempeña sin contrato, sin seguridad social y sin acceso a prestaciones como vacaciones pagadas o seguro de salud. Este fenómeno es particularmente grave entre los jóvenes y las mujeres, que encuentran mayores barreras para acceder a empleos registrados.
La informalidad tiene un efecto directo en la calidad de vida. Los trabajadores informales tienen ingresos más volátiles, carecen de protección frente a enfermedades o accidentes y no acumulan derechos para la jubilación. Además, al estar fuera del sistema formal, no contribuyen al fisco, lo que debilita la capacidad del Estado para proveer servicios públicos de calidad. La encuesta sugiere que, para consolidar la mejora de los ingresos, es necesario avanzar en políticas que fomenten la formalización, como la simplificación de trámites, la reducción de impuestos a las pequeñas empresas y la creación de programas de capacitación laboral.
Movilizaciones sociales y exigencias ciudadanas: salarios y vivienda
Los datos de la Encovi 2025 no solo son un diagnóstico, sino también un reflejo de las tensiones sociales que atraviesa el país. Tal como lo recoge la cobertura de El País América, los salarios y la vivienda han centrado las movilizaciones ciudadanas en los últimos meses. Los trabajadores públicos y privados reclaman ajustes salariales que permitan recuperar el poder adquisitivo perdido, mientras que las organizaciones de vecinos exigen soluciones al déficit habitacional y a la precariedad de los servicios básicos.
Estas demandas no son nuevas, pero adquieren mayor urgencia a la luz de los hallazgos de la encuesta. La mejora en los ingresos ha sido real, pero insuficiente para compensar el deterioro acumulado. La población percibe que el Estado no está garantizando derechos fundamentales como la electricidad, el agua potable o la educación, y que las promesas de recuperación no se traducen en cambios tangibles en sus hogares. La encuesta se convierte así en una herramienta de presión social, al evidenciar que, sin un cambio profundo en las políticas de infraestructura y protección social, el país seguirá atrapado en una recuperación que no llega a la mayoría.
Conclusión: avances que no ocultan las brechas estructurales
La Encovi 2025 pinta un cuadro complejo de la Venezuela actual: hay avances en ingresos y empleo formal que no deben minimizarse, pero estos logros se desdibujan frente a crisis profundas en servicios básicos y educación. Que solo el 10% de los hogares tenga electricidad continua y que 1,2 millones de niños estén fuera de la escuela son fallas sistémicas que ninguna mejora salarial puede resolver por sí sola. La pobreza sigue afectando a más de dos tercios de la población, y la informalidad laboral sigue siendo la regla. Los datos del Proyecto Encovi, respaldados por medios como El País América, ofrecen una base sólida para entender que la recuperación económica debe ir acompañada de una reconstrucción del Estado y de sus capacidades para proveer bienes públicos esenciales. Sin electricidad estable, sin escuelas funcionando y sin protección social universal, cualquier mejora en el bolsillo será siempre frágil e insuficiente para garantizar el bienestar de los venezolanos.

