Las fisuras en el peronismo bonaerense: críticas crecientes al armado de Kicillof
En las últimas semanas, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, ha visto cómo se multiplican las voces disidentes dentro de su propio espacio político. Desde distintos sectores del peronismo, tanto de la rama kirchnerista más ortodoxa como de dirigentes sindicales y referentes territoriales, crecen los cuestionamientos a la estrategia de armado electoral que impulsa el mandatario. Los reproches no son menores: se señala que Kicillof prioriza una agenda personal con aspiraciones presidenciales por sobre la unidad del partido, y que su gestión provincial muestra signos de desgaste. Sin embargo, en La Plata, el entorno del gobernador desestima estas críticas y las atribuye a intentos de condicionarlo en el marco de una interna feroz que amenaza con fracturar al peronismo antes de las elecciones legislativas de 2025.
El frente interno: enemigos que crecen en el peronismo
Según detalló el diario Clarín, Kicillof suma enemigos en el peronismo y su plan presidencial se complica. La información señala que, lejos de ser una tormenta pasajera, las críticas provienen de sectores clave que hasta hace poco respaldaban al gobernador. Dirigentes históricos del sindicalismo, intendentes del conurbano y figuras del kirchnerismo puro han comenzado a manifestar su malestar con el estilo de conducción del gobernador. Le reclaman mayor diálogo y menos decisiones unilaterales en la conformación de listas y alianzas. El artículo de Clarín sostiene que «desde diferentes sectores del partido crecen las críticas al armado del gobernador», mientras que desde su entorno en La Plata las minimizan: «dicen que buscan condicionarlo».
Este cisma interno no es menor. En un contexto de crisis económica nacional, con un Gobierno de Javier Milei que avanza con ajustes, el peronismo bonaerense debería mostrarse unido como principal fuerza opositora. Sin embargo, las ambiciones personales y las diferencias estratégicas están generando un campo minado. Algunos analistas interpretan que Kicillof intenta construir un perfil propio, diferenciado tanto de Cristina Fernández de Kirchner como de otros precandidatos, pero ese movimiento le está costando apoyos internos valiosos.
Críticas cruzadas al discurso de Kicillof en la apertura de sesiones
Uno de los episodios que terminó de encender la interna fue el discurso de Kicillof en la apertura de sesiones legislativas de la provincia. Según publicó el diario El Día de La Plata en sus redes sociales, el mensaje del gobernador generó «cuestionamientos de la oposición», pero también de sectores del propio peronismo. La oposición, tanto de Juntos por el Cambio como del espacio libertario, criticó la falta de propuestas concretas para la gestión diaria. Pero lo que más llamó la atención fueron los reproches internos: varios dirigentes peronistas consideraron que el discurso fue demasiado light en el diagnóstico de la crisis y que no abordó la conflictiva relación con el gobierno nacional de Milei.
El contexto de estas críticas se enmarca en la disputa por la conducción del peronismo. Mientras Kicillof intenta posicionarse como el líder opositor con mayor peso territorial, la vicepresidenta Cristina Kirchner mantiene una influencia decisiva sobre los movimientos de la militancia. Las críticas al discurso no fueron solo políticas, sino también de forma: algunos consideraron que Kicillof evitó pronunciarse con claridad sobre temas sensibles como la inflación, la inseguridad o el financiamiento provincial.
Un mensaje a la interna: «El único adversario es Milei»
En un intento por desactivar las tensiones internas, Kicillof participó el 31 de mayo en un plenario del Movimiento Derecho al Futuro, en La Plata. Según informó Infobae, el gobernador aprovechó el acto para lanzar un mensaje claro: “El único adversario que tenemos es Milei”. Con esa frase, Kicillof intentó reorientar la discusión hacia el enemigo externo y hacia la necesidad de mantener la unidad del peronismo frente al avance del libertarismo. Durante su discurso, evitó confrontar directamente con Cristina Kirchner, pero sí marcó diferencias con sectores que, según él, se dedican a «pelearse entre nosotros» mientras el gobierno nacional implementa un ajuste que castiga a los bonaerenses.
El evento, que reunió a intendentes, legisladores y referentes sindicales, fue leído como una movida de Kicillof para consolidar su propio espacio político dentro del peronismo. Sin embargo, no todos los presentes se mostraron convencidos. Algunos dirigentes, en off, señalaron que el gobernador «está más preocupado por su candidatura presidencial que por la gestión provincial». La tensión entre las necesidades inmediatas de la provincia —como la falta de fondos, la inseguridad y la crisis educativa— y el proyecto nacional de Kicillof es una de las principales fuentes de fricción interna.
Buscando financiamiento en Brasil y el fantasma de Alberto
Mientras la interna peronista hierve, Kicillof también enfrenta desafíos en la gestión concreta. Un artículo de La Izquierda Diario lo describe como «desorientado y sin muchas ideas», en medio de una búsqueda de financiamiento internacional. El gobernador viajó a Brasil con la intención de obtener recursos del gobierno de Lula da Silva, pero las gestiones no habrían dado resultados concretos. La nota menciona además que «la denuncia de Fabiola» (en referencia al escándalo de Alberto Fernández) lo persigue como un fantasma, al ser Kicillof un ministro clave del gobierno anterior.
La sombra de Alberto Fernández no es un detalle menor. Muchos en el peronismo consideran que Kicillof fue parte del núcleo duro de aquella gestión, y que su imagen quedó manchada por los escándalos de corrupción y la crisis económica. El gobernador intenta despegarse de ese legado, pero la memoria colectiva del electorado y de los propios dirigentes pesa. Además, la falta de resultados en la búsqueda de financiamiento externo expone las dificultades de una provincia que necesita desesperadamente inversiones para sostener servicios básicos como la educación, la salud y la seguridad.
¿Un plan presidencial en riesgo?: las voces que no callan
El plan de Kicillof para convertirse en candidato presidencial en 2027 —o incluso antes, si las condiciones lo permiten— se enfrenta a obstáculos cada vez más evidentes. Las críticas internas no solo provienen de los sectores kirchneristas ortodoxos, sino también de peronistas moderados que consideran que el gobernador debería centrarse en la gestión provincial y no en construir una candidatura nacional. La información de Clarín advierte que «el gobernador suma enemigos en el peronismo» y que «su plan presidencial se complica».
En ese contexto, desde La Plata insisten en que se trata de un «condicionamiento» orquestado por quienes quieren frenar su avance. Sin embargo, la realidad es que Kicillof necesita urgentemente resolver problemas de gestión en la provincia —como la inseguridad y el déficit fiscal— que son los que realmente erosionan su capital político. Mientras tanto, los discursos y los actos partidarios no logran ocultar la profunda división que atraviesa al peronismo bonaerense, un escenario que podría beneficiar a Javier Milei y a la oposición en las próximas elecciones.
Conclusión: unidad forzada y urgencia de definiciones
El escenario que enfrenta Axel Kicillof es complejo: críticas internas, falta de financiamiento, una gestión provincial con urgencias y una ambición presidencial que no termina de consolidarse. Mientras desde La Plata se desestiman los reclamos y se los tilda de intentos de condicionamiento, la realidad muestra que las fisuras en el peronismo son profundas. La estrategia de Kicillof de centrar el discurso en el adversario externo (Milei) no alcanza para tapar las diferencias internas. Para preservar su proyecto, el gobernador deberá demostrar capacidad de gestión, recomponer puentes con los sectores críticos y ofrecer una visión clara de futuro. Si no logra hacerlo, el sueño presidencial podría quedar sepultado por las propias contradicciones de su partido.
El peronismo bonaerense se encuentra en una encrucijada: o se unifica en torno a una estrategia común o se desangra en luchas internas que solo benefician a sus adversarios. Kicillof tiene la oportunidad de liderar ese proceso, pero el tiempo corre y las señales de alerta son cada vez más evidentes.

