Un análisis comparativo del balotaje: ¿remake o amenaza inédita?
La ex vicepresidenta y ex primera ministra Mercedes Aráoz ha encendido las alarmas al calificar la actual segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) como un “remake” del balotaje de 2021, pero con una diferencia sustancial. En sus declaraciones, Aráoz sostiene que Sánchez representa un riesgo mayor que el que en su momento significó Pedro Castillo. “No creo que respete las fórmulas democráticas”, remarcó la exautoridad, abriendo un debate necesario sobre las verdaderas amenazas que enfrenta la institucionalidad peruana en este nuevo escenario electoral. Este artículo profundiza en las aristas de su advertencia, explorando los paralelismos históricos, los perfiles de los candidatos y las implicancias para la democracia en el Perú.
El contexto de las elecciones de 2021: lecciones no aprendidas
Para entender la alerta de Mercedes Aráoz, es imprescindible retroceder a la segunda vuelta de 2021, que enfrentó a Keiko Fujimori con Pedro Castillo. Aquella contienda estuvo marcada por una polarización extrema, denuncias de fraude sin sustento y un clima de incertidumbre que debilitó la confianza en el sistema electoral. Castillo, un outsider sin experiencia de gobierno, logró imponerse con un discurso antisistema que prometía refundar el país, pero que desembocó en un gobierno errático, con múltiples crisis y un fallido intento de autogolpe de Estado que derivó en su vacancia.
Ahora, el escenario se repite: nuevamente una segunda vuelta con Keiko Fujimori como protagonista, pero con un adversario distinto. Roberto Sánchez, congresista de izquierda y miembro de Juntos por el Perú, ha construido su carrera política en la sombra de Castillo y con un perfil que, para Aráoz, resulta más peligroso. La exvicepresidenta subraya que el riesgo no es solo la continuidad de un proyecto político fallido, sino la posibilidad de que un líder con menos escrúpulos democráticos llegue al poder.
Roberto Sánchez: un perfil que supera el riesgo de Castillo
Mercedes Aráoz ha sido contundente al afirmar que Roberto Sánchez “conlleva un riesgo mayor al de Pedro Castillo”. ¿En qué se basa esta afirmación? Sánchez, a diferencia de Castillo, tiene una trayectoria política más consolidada dentro de la izquierda radical peruana. Fue congresista en el período 2021-2026 y se ha caracterizado por su retórica confrontacional y su defensa de posturas que en ocasiones han chocado con los mecanismos democráticos básicos.
Según Aráoz, Castillo, pese a su inexperiencia y errores, mostró en ciertos momentos una disposición a negociar o a retroceder ante la presión institucional. Sánchez, en cambio, ha exhibido una línea dura que cuestiona abiertamente la independencia de poderes, el rol de los medios de comunicación y la legitimidad de organismos electorales. “No creo que respete las fórmulas democráticas”, sentenció la ex primera ministra, sugiriendo que una presidencia de Sánchez podría acelerar la deriva autoritaria que ya se insinuó bajo el gobierno de Castillo.
El rol de Keiko Fujimori: el factor recurrente en la polarización
No se puede analizar esta contienda sin evaluar el peso de Keiko Fujimori. La lideresa de Fuerza Popular ha sido una constante en las últimas tres elecciones presidenciales (2011, 2016, 2021), y ahora busca una nueva oportunidad. Su presencia genera una polarización casi automática en el electorado peruano, que la ve como la representante del fujimorismo, un movimiento asociado al autoritarismo de los años 90 y a denuncias de corrupción.
Sin embargo, Aráoz, pese a haber sido opositora del fujimorismo en el pasado, advierte que el riesgo de Sánchez es cualitativamente superior. Esto se debe a que Keiko Fujimori, al menos en teoría, operaría dentro de ciertos márgenes institucionales que ha respetado durante su carrera como congresista y candidata. Sánchez, en cambio, forma parte de un bloque que ha demostrado poca tolerancia a la disidencia y que ha coqueteado con modelos de gobierno que limitan las libertades fundamentales. La comparación no es un respaldo a Fujimori, sino una advertencia sobre la magnitud de la amenaza que representa su contendiente.
Las fórmulas democráticas en juego: lo que Aráoz teme que Sánchez no respete
Cuando Mercedes Aráoz dice que Sánchez “no respetará las fórmulas democráticas”, se refiere a un conjunto de principios fundamentales: la separación de poderes, el respeto a los resultados electorales, la libertad de prensa, la alternancia en el poder y la defensa de los derechos humanos. Durante el gobierno de Castillo, estos pilares se vieron seriamente erosionados, pero existió una resistencia institucional (Congreso, Poder Judicial, prensa) que impidió un colapso total.
Aráoz teme que uno de Sánchez podría ser más eficaz en desmantelar esos contrapesos. Sánchez ha sido parte de la bancada que impulsó proyectos de ley para controlar el contenido de los medios, que cuestionó la labor de la Fiscalía y que intentó nombrar magistrados afines al Ejecutivo. Su retórica ha sido menos improvisada que la de Castillo, lo que sugiere una estrategia más calculada para concentrar poder. “No es el mismo tipo de riesgo; es uno más metódico y peligroso”, concluye la ex vicepresidenta.
La sombra de la vacancia y la inestabilidad política
Uno de los puntos clave en la comparación es la inestabilidad política que podría generar un eventual gobierno de Sánchez. Castillo fue vacado tras su intento de disolver el Congreso, un hecho sin precedentes en la historia republicana del Perú. Aráoz señala que, con Sánchez, ese escenario podría repetirse de manera más temprana y con menos reparos constitucionales. El candidato de Juntos por el Perú ha insinuado que, de ganar, convocaría a una Asamblea Constituyente, lo que implicaría un cambio total de las reglas del juego.
Además, la falta de mayoría parlamentaria clara para cualquiera de los dos candidatos augura un nuevo período de confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo. Si Sánchez no respeta los acuerdos mínimos democráticos, el Congreso (dominado por fuerzas opositoras) podría intentar una nueva vacancia, sumergiendo al país en otra crisis institucional. Aráoz advierte que este ciclo de ingobernabilidad sería aún más destructivo que el vivido con Castillo.
La voz de una exautoridad: ¿una advertencia política o un análisis objetivo?
Mercedes Aráoz no es una analista neutral; fue primera ministra y vicepresidenta durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y luego tuvo un breve periodo como presidenta interina no reconocida por el Congreso en 2020. Su trayectoria la sitúa en el centro político, con una fuerte defensa de las instituciones democráticas. Su declaración, por tanto, debe entenderse como una advertencia basada en la experiencia directa de haber navegado crisis institucionales.
Sin embargo, también es cierto que su postura puede ser interpretada como un intento de alertar a los votantes indecisos sobre los peligros de votar por Sánchez. Al compararlo con Castillo y calificarlo de “riesgo mayor”, busca movilizar al electorado que rechaza el autoritarismo, independientemente de su origen. En este sentido, su análisis contribuye al debate público al poner sobre la mesa un tema crucial: no todos los riesgos democráticos son iguales, y es necesario evaluar a los candidatos más allá de las etiquetas partidarias.
Conclusión: un balotaje que exige reflexión y voto informado
Las declaraciones de Mercedes Aráoz subrayan que la segunda vuelta del 2025 no es un simple “remake” de 2021, sino un escenario potencialmente más peligroso para la democracia peruana. Si bien Keiko Fujimori sigue siendo una figura polarizante y cuestionada, el verdadero foco de preocupación, según la ex vicepresidenta, es Roberto Sánchez, un candidato que, a su juicio, carece de compromiso con las reglas democráticas fundamentales. La lección que deja este análisis es que los ciudadanos deben ir más allá de los paralelismos superficiales y evaluar a fondo las propuestas y el historial de cada aspirante. En un contexto de fragilidad institucional, el voto informado no es solo un derecho, sino una responsabilidad. La democracia peruana, una vez más, se juega su futuro en las urnas, y esta vez las apuestas son aún más altas.

