Alerta en Perú: frío extremo a 14° bajo cero amenaza a 630 mil personas

El sur del Perú enfrenta una ola de frío sin precedentes

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) ha emitido una alerta crítica: un descenso térmico extremo afecta a gran parte del sur del país, poniendo en riesgo a más de 630 mil personas. Las regiones de Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Puno y Tacna son las más golpeadas por este fenómeno, que ya registra temperaturas de hasta 14 °C bajo cero en zonas altoandinas. Nevadas, heladas y vientos gélidos han generado una emergencia humanitaria que exige atención inmediata. En este artículo analizamos las causas, el alcance territorial, las poblaciones vulnerables y las medidas necesarias para mitigar los efectos de esta ola de frío que amenaza la vida y los medios de subsistencia de miles de familias.

Radiografía del fenómeno: ¿por qué se intensifica el frío en el sur?

El Senamhi ha señalado que este descenso térmico obedece a la combinación de la masa de aire frío proveniente del anticiclón del Pacífico Sur y la alta radiación nocturna en zonas de gran altitud. Las regiones andinas del sur, situadas por encima de los 3,800 metros sobre el nivel del mar, experimentan noches especialmente gélidas, con mínimas que han llegado a -14 °C en localidades de Puno, Arequipa y Cusco. Este cuadro se ve agravado por la presencia de vientos fuertes que incrementan la sensación térmica y facilitan la formación de heladas.

Además, el Instituto Geofísico del Perú ha documentado que la temporada de invierno en el altiplano tiende a ser más severa cuando el fenómeno de La Niña se encuentra en fase fría, situación que se mantiene este año. Como resultado, no solo las temperaturas diurnas son bajas, sino que las nocturnas alcanzan niveles críticos, afectando cultivos, ganado y la salud de las personas. La humedad relativa también disminuye, lo que reseca las vías respiratorias y eleva el riesgo de infecciones.

Las ocho regiones en la primera línea del frío

De acuerdo con fuentes oficiales y reportes de medios como El Comercio y Cenepred, las regiones de Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Puno y Tacna son las que concentran los mayores niveles de riesgo. En Puno, por ejemplo, se han reportado nevadas que han bloqueado carreteras y aislado comunidades enteras. Arequipa, Cusco y Moquegua también registran heladas que afectan la producción agrícola y ganadera, base de la economía local.

El Cenepred clasificó a Moquegua, Apurímac y Tacna en nivel de riesgo alto, mientras que Puno y Cusco se encuentran en riesgo extremo. En estas zonas, la temperatura media ha caído hasta 10 °C por debajo de los valores históricos para esta época del año. Las provincias altoandinas, como Espinar en Cusco o El Collao en Puno, son las más perjudicadas, con comunidades que no cuentan con infraestructura adecuada para enfrentar el frío extremo.

Más de 630 mil personas en peligro extremo: ¿quiénes son los más vulnerables?

El reporte del Cenepred indica que más de 630 mil personas se encuentran en situación de peligro extremo por el descenso térmico. La población más afectada son los niños menores de 5 años, los adultos mayores y las mujeres embarazadas que viven en viviendas precarias, construidas con adobe, piedra o materiales temporales que no retienen el calor. En regiones como Huancavelica y Ayacucho, el acceso a servicios de salud es limitado, lo que agrava la exposición a enfermedades respiratorias agudas como la neumonía.

Las comunidades altoandinas, que dependen de la agricultura de subsistencia y la ganadería de camélidos, ven amenazados sus medios de vida. Las heladas destruyen cultivos de papa, quinua y habas, mientras que el ganado (alpacas, llamas y ovejas) sufre mortandad por hipotermia. Organizaciones humanitarias han advertido que la inseguridad alimentaria podría aumentar si las heladas persisten, y que se necesita intervención urgente para distribuir alimentos, frazadas y kits de abrigo.

Impacto en la salud: neumonía, hipotermia y desnutrición

El Ministerio de Salud ha reportado un incremento alarmante de casos de infecciones respiratorias agudas en las regiones afectadas. La neumonía es la principal causa de mortalidad infantil en zonas altoandinas durante los meses de invierno. En Puno, Arequipa y Cusco, los centros de salud han visto duplicar las atenciones por enfermedades respiratorias, y se han registrado casos de hipotermia severa en adultos mayores que duermen a la intemperie o en viviendas sin calefacción.

Además de las infecciones, el frío extremo provoca un aumento de la desnutrición infantil, ya que las familias reducen su consumo calórico al perder cosechas y animales. Las mujeres y niños son los que más sufren, pues pasan largas horas en el exterior recolectando leña o agua, expuestos al viento gélido. La falta de acceso a agua potable también se agrava, porque las fuentes se congelan, obligando a consumir agua contaminada que genera enfermedades diarreicas. Todo esto configura un escenario de emergencia sanitaria que requiere una respuesta coordinada entre el gobierno central, los gobiernos regionales y las organizaciones internacionales.

Medidas de prevención y respuesta: ¿qué están haciendo las autoridades?

El Gobierno peruano ha activado el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) para coordinar la asistencia humanitaria. Se han distribuido más de 100 mil frazadas, kits de abrigo y alimentos en las regiones de Puno, Cusco, Moquegua y Tacna. El Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social ha priorizado la entrega de _canastas de frío_ con alimentos no perecibles y combustible para cocinar. Sin embargo, las comunidades más alejadas aún no reciben ayuda debido al bloqueo de carreteras por nevadas.

Desde la sociedad civil, diversas ONG han lanzado campañas de recolección de ropa de abrigo, frazadas y medicamentos. Se recomienda a la población en general que, ante síntomas de hipotermia o neumonía, acuda inmediatamente al centro de salud más cercano. Las autoridades locales han habilitado albergues temporales en las capitales de provincia para recibir a las familias que viven en zonas de alto riesgo. No obstante, los expertos advierten que se necesita una estrategia de largo plazo que incluya mejoras en la infraestructura de vivienda, sistemas de calefacción eficientes y programas de adaptación al cambio climático en las comunidades altoandinas.

Mirando hacia el futuro: preparación ante un invierno cada vez más extremo

El descenso térmico de este año no es un evento aislado. Los registros del Senamhi muestran que los inviernos en el sur peruano se han vuelto más fríos y prolongados en la última década, en parte debido al cambio climático y la alteración de los patrones de viento. Las regiones de Apurímac, Ayacucho y Huancavelica, que antes tenían un clima más templado, ahora experimentan heladas recurrentes que ponen en jaque la agricultura de subsistencia.

Para enfrentar este escenario, es fundamental fortalecer los sistemas de alerta temprana y mejorar la capacidad de respuesta de las comunidades. Proyectos de viviendas bioclimáticas, que aprovechen la energía solar para calentar los hogares durante la noche, ya se están probando en Puno y Cusco con resultados alentadores. También se requiere ampliar la cobertura de seguros agrícolas y ganaderos para que los pequeños productores no pierdan todo su patrimonio tras una helada. Solo con inversión sostenida en adaptación y prevención se podrá reducir la vulnerabilidad de las 630 mil personas que hoy enfrentan un invierno implacable.

El sur del Perú está viviendo una de las olas de frío más severas de las últimas décadas. Ocho regiones —Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Puno y Tacna— concentran los mayores niveles de riesgo, con más de 630 mil personas en peligro extremo. Las temperaturas de hasta 14 °C bajo cero, las nevadas y las heladas han provocado una crisis humanitaria que afecta la salud, la alimentación y la economía de las comunidades altoandinas. Si bien el Gobierno ha activado mecanismos de asistencia, la magnitud del fenómeno exige una respuesta más rápida y una planificación a largo plazo que incluya viviendas adecuadas y sistemas de alerta. La solidaridad y la acción coordinada entre autoridades, organismos internacionales y la sociedad civil son la única vía para proteger a los más vulnerables frente a un invierno que, según los expertos, será cada vez más extremo.