A 50 años del golpe, el gobierno reabre el debate de la memoria con un video sobre «víctimas escondidas»

Un video oficial reabre el debate de la memoria a 50 años del golpe

En el marco del quincuagésimo aniversario del golpe de Estado de 1976, el gobierno de Javier Milei publicó un extenso documento audiovisual que ha reavivado un profundo debate histórico y político. El video, de más de una hora de duración, presenta los testimonios de dos personas: una nieta recuperada que fue criada por una familia militar y el hijo de un militar asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). La pieza oficial los introduce bajo el rótulo de «las víctimas que quisieron esconder», una frase que se ha convertido en el eje de una fuerte polémica. Esta producción no es un mero recordatorio histórico; es una acusación directa hacia los gobiernos kirchneristas, a los que señala de haber instalado un relato parcial sobre la dictadura, ignorando, según la actual administración, a este tipo de víctimas. El material, difundido en cuentas oficiales, busca confrontar directamente la narrativa de la memoria construida en las últimas dos décadas.

Los testimonios centrales: historias frente a frente

El video oficial otorga un espacio protagónico a dos historias personales que, según la perspectiva del gobierno, han sido marginadas del relato público hegemónico. Por un lado, se encuentra el testimonio de una mujer identificada como nieta recuperada, quien tras ser apropiada, fue criada en el seno de una familia militar. Su experiencia vital complejiza la visión binaria de víctimas y victimarios, mostrando los grises y conflictos identitarios que dejó el terrorismo de Estado.

Por otro lado, el documento incluye la voz del hijo de un militar asesinado en un atentado del ERP antes del golpe del 76. Este testimonio busca visibilizar a las víctimas de la violencia guerrillera, un capítulo que el actual gobierno considera silenciado en la narrativa sobre los años setenta. La conjunción de estos dos relatos en un video oficial pretende sostener la tesis de una «memoria completa», que incorpore todos los sufrimientos, más allá de la bandera política de las víctimas.

La reacción de los protagonistas: «Yo no me considero una víctima»

Contrariamente a lo que la pieza gubernamental podría sugerir, al menos uno de los testimoniantes ha expresado públicamente su desacuerdo con la interpretación que se hace de su historia. Según el diario Clarín, la nieta recuperada, Macarena Fernández, ha manifestado: «Yo no me considero una víctima». Esta declaración introduce una fisura crucial en el mensaje oficial, ya que desliga su testimonio personal de la categoría con la que el gobierno decidió enmarcarlo para su argumento político.

«Aunque el video oficial la presentó como ‘una de las víctimas que quisieron esconder’, Fernández asegura que ella no se considera una víctima», reporta la fuente.

Esta reacción subraya el riesgo de instrumentalización de las experiencias personales en los debates históricos. La distancia entre la vivencia subjetiva y la etiqueta política aplicada por el gobierno muestra la complejidad de construir una memoria colectiva que respete las voces individuales sin forzarlas a encajar en un relato preconcebido, ya sea este oficial o opositor.

La acusación gubernamental: «Instalar un relato»

El núcleo del mensaje del video, amplificado por portales internacionales como Europa Press y La Tercera, es una acusación explícita. El gobierno de Milei acusa al kirchnerismo de haber instalado un relato único y excluyente sobre la dictadura. La frase «las víctimas que quisieron esconder» opera como un eslogan que sintetiza esta denuncia: durante los años de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, ciertas víctimas habrían sido deliberadamente omitidas para fortalecer una narrativa maniquea.

Este no es un gesto aislado, sino que se enmarca en una estrategia comunicacional más amplia. Como señalan las fuentes, esta es la tercera vez consecutiva que, en la fecha aniversario del golpe, la administración de turno (iniciada con Mauricio Macri y continuada por Milei) decide confrontar el llamado «relato kirchnerista». La publicación del video de más de una hora representa una escalada en formato y duración, buscando otorgar mayor peso testimonial y documental a su postura.

La batalla por la «memoria completa»

Frente a lo que define como el «relato» de la oposición, el gobierno actual propone el concepto de una «memoria completa». Este término, utilizado en los mensajes oficiales, sugiere una voluntad de integrar en el duelo nacional a todas las víctimas del período de violencia de los años 70, sin distinción de su pertenencia o afiliación. En teoría, busca superar lo que percibe como una jerarquización del dolor, donde algunas vidas valdrían más que otras para la memoria colectiva.

Sin embargo, este enfoque es criticado por organismos de derechos humanos y por la oposición política, que lo interpretan como una forma de equiparación o «teoría de los dos demonios», una perspectiva que iguala la violencia insurgente con el terrorismo de Estado planificado desde el aparato del poder. El debate, por lo tanto, no es solo sobre qué víctimas recordar, sino sobre cómo contextualizar históricamente su sufrimiento y, fundamentalmente, sobre la responsabilidad del Estado en la violación sistemática de los derechos humanos.

La política de la memoria en el centro de la escena

La publicación de este video confirma que la política de la memoria histórica sigue siendo un campo de batalla política central en Argentina. La decisión de utilizar canales y recursos oficiales para difundir una narrativa específica en una fecha tan emblemática transforma el acto de recordar en un acto de gobierno. Esto marca una clara diferencia con las políticas de memoria de las administraciones kirchneristas, que dieron un apoyo institucional y económico a los organismos de derechos humanos y a los juicios de lesa humanidad.

El video, al presentarse como un «documento oficial», busca otorgarle un estatus de verdad histórica a su contenido. Esta apropiación del lenguaje documental y testimonial para fines de disputa política contemporánea muestra la vitalidad y la sensibilidad que aún tiene el pasado reciente en la conformación de identidades y alineamientos en el presente. La memoria, lejos de ser un archivo estático, es un terreno en permanente construcción y conflicto.

Repercusión y controversia pública

La difusión del material ha generado una inmediata y polarizada reacción en la esfera pública. Medios de comunicación, portales de noticias y redes sociales se han hecho eco del contenido y, especialmente, de la frase «las víctimas que quisieron esconder». La controversia no se limita a la prensa nacional; medios internacionales han cubierto el hecho, interpretándolo como un nuevo capítulo en la grieta política argentina trasladada a la interpretación histórica.

La discusión excede el video en sí y pone sobre la mesa preguntas incómodas: ¿Quién tiene la autoridad para definir quién es víctima? ¿Es posible una memoria que integre sin equiparar? ¿Cuál es el rol del Estado en la construcción de esa memoria? Las respuestas a estos interrogantes dividen aguas profundamente, demostrando que a cincuenta años del golpe, la sociedad argentina aún busca, de manera conflictiva y dolorosa, las formas de procesar un pasado traumático que resiste cualquier simplificación.

Conclusión: un pasado que no cierra

A medio siglo del inicio de la dictadura más sangrienta de Argentina, el video oficial del gobierno de Milei prueba que el pasado sigue siendo un campo de batalla activo. La presentación de los testimonios de una nieta recuperada criada en familia militar y del hijo de un militar asesinado, bajo la etiqueta de «víctimas escondidas», busca fracturar una narrativa que, según el oficialismo, ha sido hegemónica durante años. Sin embargo, la propia declaración de la nieta recuperada desmarcándose de la condición de víctima revela las tensiones entre las experiencias individuales y los relatos políticos colectivos. Más allá de la polémica inmediata, este episodio subraya una verdad persistente: la memoria sobre el terrorismo de Estado y la violencia de los años setenta sigue siendo un territorio en disputa, donde las heridas históricas, lejos de cerrarse, se reabren periódicamente en el marco de los conflictos del presente. La búsqueda de una memoria verdaderamente completa y respetuosa de todas las voces parece tan necesaria como esquiva.