La promesa de campaña que marcó el debate: Captura de prófugos en 90 días
En el agitado escenario preelectoral peruano rumbo a los comicios de 2026, una declaración capturó la atención mediática y definió el tono de un debate presidencial. Fiorella Molinelli, candidata del partido Fuerza y Libertad, se comprometió públicamente a que, de llegar al gobierno, capturaría en un plazo no mayor de 90 días a los prófugos de la justicia Vladimir Cerrón y Juan Silva. Esta contundente promesa, hecha durante la segunda jornada del debate organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), no solo buscó posicionar la lucha contra la impunidad como un eje central de su plataforma, sino que también reavivó el debate público sobre dos casos emblemáticos de corrupción y fuga que han desgastado la credibilidad de las instituciones del Estado peruano.
Fiorella Molinelli y su propuesta de «Policía de Investigación Patrimonial»
La candidata no se limitó a anunciar la captura, sino que contextualizó su propuesta dentro de un plan más amplio de fortalecimiento de la lucha contra la corrupción. Según reportes de los medios que cubrieron el evento, Molinelli planteó la creación de una «Policía de Investigación Patrimonial». Este organismo especializado tendría como objetivo principal rastrear y decomisar los activos de origen ilícito, atacando directamente el incentivo económico detrás de la delincuencia de cuello blanco y la fuga de prófugos.
Su intervención buscó capitalizar el profundo malestar ciudadano con la percepción de que figuras investigadas o condenadas evaden la acción de la justicia. Al establecer un plazo perentorio y específico (90 días), Molinelli apuntó a ofrecer resultados tangibles y rápidos, diferenciándose de las promesas genéricas de otros candidatos. La propuesta fue destacada en redes sociales y resúmenes de prensa, generando un inmediato contraste con las posturas de otros participantes en el debate presidencial.
Los prófugos del momento: Vladimir Cerrón y Juan Silva
La elección de los nombres no fue casual. Ambos representan, para un sector importante de la población, la encarnación de la impunidad y los fallos del sistema de justicia. Vladimir Cerrón, líder de Perú Libre y expresidente regional de Junín, fue condenado en 2023 a más de tres años de prisión efectiva por el delito de colusión agravada en el caso «Hospital de Huancayo». A pesar de la sentencia firme, Cerrón se encuentra prófugo de la justicia, manteniendo incluso una activa presencia en la vida política desde la clandestinidad.
Por otro lado, Juan Silva, quien se desempeñó como Ministro de Transportes y Comunicaciones bajo el gobierno de Pedro Castillo, es uno de los investigados más emblemáticos por los presuntos actos de corrupción durante esa administración. Acusado de formar parte de una organización criminal y de estar implicado en casos de presunta corrupción en obras públicas, Silva huyó antes de ser detenido. Su paradero se desconoce, a pesar de las órdenes de captura internacional emitidas en su contra.
El contexto del debate: un escenario político polarizado
La declaración de Molinelli se produjo en un debate caracterizado, como lo describen algunas crónicas, por ser «sin Cerrón, con menos pullazos» en comparación con jornadas anteriores, pero no exento de fuertes declaraciones. En este espacio, los candidatos buscaron definir claramente sus posturas ante un electorado cansado de la crisis política y la corrupción. La promesa de capturar a dos figuras tan controversiales funcionó como un recurso retórico de alto impacto, destinado a conectar directamente con la demanda ciudadana de justicia y orden.
El debate, transmitido en vivo y cubierto ampliamente por medios como El Comercio, sirvió como la plataforma ideal para que esta propuesta llegara a millones de peruanos. La candidata utilizó el tiempo asignado para no solo presentar una idea de gobierno, sino para establecer una métrica concreta de éxito: la captura física de dos individuos específicos en un plazo récord, desafiando así la capacidad operativa del Estado actual.
Los desafíos operativos y legales de la promesa
Si bien la promesa es poderosa en el discurso político, su implementación enfrenta enormes obstáculos. Capturar a prófugos que presumiblemente cuentan con redes de apoyo y recursos para evadir a la justicia es una tarea compleja que depende de inteligencia, coordinación internacional y capacidad operativa. Históricamente, las capturas de figuras de alto perfil han tomado meses o incluso años, superando con creces el plazo de 90 días.
Además, la propuesta de una nueva «Policía de Investigación Patrimonial» implica una reforma institucional y legal profunda, que requeriría consenso político en el Congreso, asignación presupuestaria y tiempo para su implementación. Los críticos podrían argumentar que el plazo de tres meses es insuficiente incluso para poner en marcha un organismo de esta naturaleza, mucho menos para lograr capturas de alto riesgo. La promesa, por tanto, se sitúa en la delgada línea entre una meta ambiciosa y una posible simplificación de un problema estructural.
Implicaciones políticas y la reacción del electorado
La jugada de Molinelli tiene una lectura política clara: posicionarse como la candidata de la mano dura contra la corrupción y la impunidad. Al nombrar a Cerrón y Silva, apela tanto a los opositores del castillismo como a los ciudadanos independientes desencantados con todo el espectro político tradicional. Esta estrategia busca capitalizar un sentimiento transversal de frustración.
El éxito de esta propuesta en las urnas dependerá de cuánto el electorado priorice este tema y, sobre todo, de cuánto crea en la viabilidad de la promesa. En un contexto donde la desconfianza en las promesas políticas es alta, Molinelli deberá articular un plan detallado que convenza de que su propuesta es más que un eslogan de campaña. La mención constante de esta declaración en archivos de prensa y resúmenes del debate, como los del 24 de marzo de 2026, indica que logró generar el titular deseado. Ahora, el reto es transformar ese impacto mediático en credibilidad política duradera.
Conclusión: Una promesa que pone a prueba la voluntad política
La contundente declaración de Fiorella Molinelli durante el debate presidencial ha redefinido parte del tono de la campaña para las elecciones de 2026, colocando en el centro de la discusión la captura de prófugos emblemáticos y la eficacia del Estado en la lucha anticorrupción. Su compromiso de capturar a Vladimir Cerrón y Juan Silva en un plazo máximo de 90 días, respaldado por la propuesta de crear una Policía de Investigación Patrimonial, es una apuesta alta para conectarse con un país hastiado de la impunidad. Más allá de los evidentes desafíos operativos y legales, la promesa ha logrado su objetivo inmediato: marcar una diferencia clara en el debate y ofrecer una métrica concreta por la cual su eventual gestión podría ser juzgada. El tiempo dirá si este discurso se traduce en votos y, de llegar al poder, en la capacidad real de cumplir con un plazo que pondría a prueba toda la maquinaria del Estado peruano.

