Debate presidencial con 35 candidatos en Perú: el reto de cantidad vs calidad democrática

Un Desafío Sin Precedentes: El Debate de los 35 Candidatos

El proceso electoral peruano se enfrenta a un reto logístico e histórico: organizar un debate presidencial con 35 candidatos. Esta situación extraordinaria, como señala el columnista Héctor Villalobos, plantea la disyuntiva entre cantidad y calidad democrática. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tiene la hercúlea tarea de estructurar tiempos, segmentos e intervenciones en un formato que, necesariamente, debe ser innovador. Más allá de la complejidad organizativa, este escenario refleja la fragmentación política del país y genera preguntas cruciales sobre la efectividad del debate para informar al electorado. ¿Cómo se logra un intercambio de ideas sustancial con semejante número de postulantes?

El contexto no podría ser más desafiante. Como reporta Swissinfo, a tres semanas de las elecciones, ninguno de los candidatos superaba el 12 o 14% de intención de voto en las encuestas. Esta dispersión convierte al debate no en un duelo entre pocos favoritos, sino en una maratónica jornada donde decenas de voces compiten por captar la atención de un electorado indeciso. La estructura diseñada intenta, contra viento y marea, dar cabida a esta pluralidad sin que el ejercicio democrático se convierta en un mero formalismo incomprensible.

La Logística: Seis Fechas y una Estructura Fragmentada

La solución adoptada por el JNE, ampliamente reseñada en medios como Diario Correo, es distribuir el evento en seis fechas distintas, que se llevarán a cabo en el Centro de Convenciones de Lima. En lugar de un debate único y caótico, los 35 candidatos serán divididos en grupos. Según la información disponible, se contempla la participación de grupos de hasta 12 candidatos por cada jornada. Esta división es la única manera viable de administrar los tiempos de palabra, pero inmediatamente impone una nueva limitante: los electores no podrán ver interactuar a todos los aspirantes en un mismo espacio, dificultando las comparaciones directas.

Cada una de estas seis jornadas seguirá una agenda temática específica. Se ha informado que habrá cuatro bloques temáticos por cada encuentro, cubriendo las grandes áreas de interés nacional como economía, seguridad, educación y salud. Esta organización por temas busca dar cierta profundidad a las intervenciones, aunque el tiempo asignado por candidato dentro de cada bloque será extremadamente reducido. El modelo se aleja del debate tradicional y se asemeja más a una sucesión de presentaciones programadas.

El Dilema Central: Tiempo de Calidad vs. Representatividad Plena

El corazón del problema, como apunta la columna «Cantidad sin calidad», reside en la tensión entre dos principios democráticos igualmente válidos. Por un lado, está el derecho de todos los candidatos inscritos a participar y dar a conocer sus propuestas. Por el otro, está el derecho de la ciudadanía a recibir información clara, contrastada y sustancial. Con 35 participantes, el tiempo de intervención individual se reduce a minutos, favoreciendo los eslóganes sobre los argumentos y penalizando la profundidad. El formato, por fuerza, premia la capacidad de síntesis extrema y el impacto mediático momentáneo.

Esta tensión no es nueva. Guías especializadas, como la publicada por el CIES para debates de segunda vuelta entre dos candidatos, detallan metodologías para interpelaciones directas y contraargumentos profundos. Esas dinámicas, sin embargo, son imposibles de replicar con una treintena de personas en escena. El JNE ha tenido que priorizar la representatividad formal, optando por un modelo que, si bien incluye a todos, inevitablemente diluye la calidad del contraste ideológico y programático que idealmente debería proporcionar un debate.

El Rol del Moderador y la Dinámica de las Intervenciones

En un escenario tan complejo, la figura del moderador o del panel de moderadores adquiere una responsabilidad crítica. Su labor va más allá de hacer preguntas; debe ser un estricto controlador de tiempos, un facilitador que intente, en la medida de lo posible, destacar contradicciones o puntos de encuentro entre candidatos que, recordemos, no debatirán todos juntos. Debe gestionar un turno de palabra que, previsiblemente, será rígido para evitar el caos. La posibilidad de réplicas espontáneas o de discusiones bilaterales queda prácticamente anulada por la aritmética pura de la distribución del tiempo.

La dinámica probable, entonces, será la de un question & answer muy estructurado. Cada candidato dispondrá de un lapso brevísimo para responder a preguntas idénticas o similares, generando una sucesión de monólogos paralelos más que una conversación política. El desafío para los candidatos será romper esa monotonía y conectar con la audiencia en un espacio tan acotado y regimentado, donde el detalle de las propuestas tendrá que ser sacrificado en favor del mensaje general.

Impacto en la Campaña y el Electorado

¿Qué puede esperar la ciudadanía de este formato? Su valor principal será ofrecer una foto grupal de un espectro político muy amplio en un entorno formal. Para votantes indecisos, puede servir como una primera aproximación para filtrar candidatos. Aquellos que muestren solvencia, claridad o liderazgo en sus escasos minutos podrán capitalizar el momento. Sin embargo, el riesgo de saturación es alto. La atención del público puede disiparse tras varias horas de programación distribuida en semanas, especialmente si las intervenciones son repetitivas o poco esclarecedoras.

Para los candidatos, especialmente aquellos con menos recursos de campaña, es una ventana de exposición invaluable en igualdad de condiciones técnicas. No obstante, los candidatos mejor posicionados en las encuestas podrían ver este formato como un riesgo limitado, ya que la fragmentación diluye la posibilidad de un enfrentamiento directo que les sea desfavorable. Como señala el reporte de Swissinfo, en un panorama donde el primer lugar no supera el 14%, el debate se convierte en una oportunidad para que los demás intenten un ascenso, aunque sea marginal.

Lecciones y Reflexiones para el Futuro

Este experimento sin precedentes en Perú dejará inevitablemente lecciones importantes para la organización electoral futura. Plantea la necesidad de revisar los mecanismos de inscripción de candidaturas o de habilitar filtros previos que, sin vulnerar la democracia, garanticen una discusión más provechosa. La experiencia de otros países y los manuales especializados, como la guía del CIES, sugieren que los debates de calidad requieren un número manejable de participantes. Este evento de 2026 puede ser el catalizador para un necesario debate sobre los debates mismos.

La solución del JNE es, probablemente, la mejor posible dadas las circunstancias actuales y el marco legal. Evita la exclusión total y mantiene un principio de equidad. Sin embargo, también evidencia que la norma debe evolucionar al ritmo de la realidad política. Un sistema que produce 35 candidatos presidenciales es un sistema que, por diseño, hace casi imposible cumplir con el espíritu cívico y pedagógico que debe tener un debate electoral: informar de manera profunda y contrastada para una decisión de voto consciente.

Conclusión: Un Esfuerzo Necesario en un Marco Insuficiente

Organizar un debate con 35 candidatos es, sin duda, un logro operativo notable que refleja el compromiso del JNE con la inclusión. La estructura de seis fechas, grupos y bloques temáticos es una respuesta creativa a un desafío extremo. Sin embargo, como se ha analizado, el formato inherentemente limita la profundidad, el contraste y la interacción directa, elementos definitorios de un debate clásico. Este evento se convertirá más en una serie de presentaciones simultáneas que en un verdadero intercambio de ideas. La lección final es que, mientras la oferta política siga tan fragmentada, los mecanismos de comunicación masiva como los debates llegarán a un límite de utilidad. El gran reto posterior será conciliar la amplitud de la participación con la calidad de la deliberación pública, un equilibrio esencial para la salud de cualquier democracia.