Los chats que sacuden el proceso electoral peruano
La empresa Servicios Generales Galaga S.A.C., encargada de la logística para los comicios en Perú, ha entregado a la Junta Nacional de Justicia (JNJ) una serie de conversaciones de WhatsApp mantenidas con un alto funcionario de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Estas pruebas, reveladas por El Comercio y otras fuentes, apuntan a que los retrasos en la entrega de material electoral no fueron exclusivamente responsabilidad de la contratista. El caso, conocido como «Caso Corvetto», ha generado un terremoto político al exponer presiones internas y fallas logísticas en un organismo clave para la democracia. Este artículo analiza el contenido de los chats, las implicancias para la ONPE y el impacto en la credibilidad electoral.
El rol de Galaga y el contexto de los retrasos
Galaga fue contratada por la ONPE para el traslado y distribución de material electoral en diversas regiones del país. Sin embargo, durante la campaña electoral, se reportaron demoras significativas en la llegada de kits de votación a centros poblados, lo que generó críticas hacia la empresa. Según informes, la ONPE señaló a Galaga como responsable de estos retrasos, lo que llevó a la empresa a presentar una denuncia ante la JNJ.
En su defensa, Galaga ha entregado pruebas que buscan demostrar que, a pesar de tener la logística lista, las demoras se debieron a decisiones internas de la ONPE. Los chats revelan que un alto funcionario del organismo electoral habría solicitado cambios de última hora y modificaciones en los cronogramas, generando un cuello de botella. Esta versión contrasta con la narrativa oficial, que culpa exclusivamente a la contratista por la mala planificación.
¿Qué dicen los chats sobre el alto funcionario de la ONPE?
Las conversaciones, obtenidas por la JNJ, muestran un intercambio directo entre representantes de Galaga y un funcionario de alto rango de la ONPE, cuya identidad aún no se ha revelado públicamente. En los mensajes, se evidencia que el funcionario habría presionado para que se priorizara la entrega de material en ciertas zonas, ignorando los protocolos establecidos. Uno de los fragmentos clave indica que el funcionario afirmó que «los plazos eran imposibles de cumplir» desde el inicio del contrato, lo que sugiere que la ONPE conocía los riesgos logísticos.
Además, según Caretas, los chats revelan que Galaga sí tenía camiones listos para trasladar el material electoral, pero que las órdenes de despacho fueron retrasadas por la ONPE. Esto contradice la acusación inicial de que la empresa no contaba con la flota necesaria.
«Las conversaciones internas de la ONPE revelan que fallas logísticas y retrasos en el envío de material electoral generaron problemas», señala el reportaje de Caretas.
Estas pruebas podrían cambiar el rumbo de la investigación, apuntando a una responsabilidad compartida.
Implicaciones para la Junta Nacional de Justicia
La entrega de los chats a la JNJ representa un paso crucial en la indagación sobre el manejo del proceso electoral. La JNJ, como entidad encargada de sancionar a jueces y fiscales, también tiene competencia sobre funcionarios de la ONPE en casos de presuntas irregularidades. Si se confirma que el alto funcionario manipuló los plazos o actuó con negligencia, podría enfrentar procesos disciplinarios e incluso penales.
Expertos legales consultados señalan que los chats constituyen una prueba documental de alta relevancia, ya que no solo muestran la comunicación directa, sino también el contexto en el que se tomaron decisiones. La JNJ deberá verificar la autenticidad de las conversaciones y determinar si constituyen una injerencia ilegítima en el proceso electoral. De ser así, las consecuencias podrían extenderse a otros altos mandos de la ONPE, generando una crisis de confianza en la institución.
La respuesta de la ONPE y el «Caso Corvetto»
Ante la filtración de los chats, la ONPE ha emitido comunicados negando cualquier irregularidad, calificando las acusaciones como «intentos de desviar la atención». Sin embargo, el llamado «Caso Corvetto» (nombre clave del expediente en la JNJ) ha cobrado fuerza al evidenciar que existieron presiones internas para acelerar o retrasar la entrega de material. Fuentes cercanas a la investigación indican que el alto funcionario involucrado habría actuado por órdenes superiores, lo que implicaría a más miembros de la cúpula electoral.
Por otro lado, Paulinorodrigues.com.ar reporta que la empresa Galaga no solo entregó los chats, sino también una cronología detallada de los correos electrónicos y llamadas que respaldan su versión. Esta evidencia sugiere que los retrasos no fueron accidentales, sino el resultado de una cadena de decisiones burocráticas. La ONPE, por su parte, insiste en que la responsabilidad recae en la contratista, pero cada vez es más difícil sostener esa postura a la luz de las pruebas.
Impacto en la credibilidad del sistema electoral peruano
El escándalo de los chats llega en un momento en que la confianza en las instituciones electorales peruanas ya se encontraba erosionada. Procesos anteriores estuvieron marcados por denuncias de fraude y manipulación, y este caso refuerza la percepción de que la ONPE no actúa con la transparencia requerida. Los ciudadanos y observadores internacionales siguen de cerca el desarrollo del caso, ya que de él depende la legitimidad de futuras elecciones.
Además, el hecho de que la empresa privada haya tenido que recurrir a la justicia para demostrar su inocencia plantea dudas sobre la eficacia de los mecanismos de control interno en la ONPE. Si la JNJ determina que hubo mala fe por parte del funcionario, se abriría un precedente para reformar la gestión logística de los comicios. La transparencia en la entrega de material electoral es un pilar de la democracia, y cualquier falla debe ser investigada a fondo para restaurar la confianza.
¿Hacia dónde va la investigación?
La investigación de la JNJ avanza con la recolección de testimonios y el análisis de los chats presentados por Galaga. Se espera que en las próximas semanas se cite a declarar al alto funcionario de la ONPE, así como a otros implicados. De confirmarse las acusaciones, la JNJ podría recomendar la destitución del funcionario y la apertura de un proceso penal por delitos contra la administración pública.
Mientras tanto, la opinión pública exige respuestas. Organizaciones de la sociedad civil han solicitado que se hagan públicos todos los documentos relacionados con el contrato de Galaga para garantizar la máxima transparencia. Este caso, más allá de las responsabilidades individuales, ha puesto en evidencia las fallas estructurales en la planificación electoral. La continuidad de futuros procesos dependerá de que se implementen correctivos que eviten que la logística se convierta en un arma de presión política.
Conclusiones sobre el caso Galaga y la ONPE
La entrega de los chats por parte de Galaga a la JNJ ha destapado una compleja red de responsabilidades compartidas en los retrasos del material electoral. Mientras la empresa demostró tener la capacidad logística lista, las conversaciones apuntan a que un alto funcionario de la ONPE tomó decisiones que entorpecieron el proceso. Este hallazgo no solo exculpa parcialmente a Galaga, sino que pone bajo la lupa a la cúpula electoral peruana.
El caso Corvetto es, por tanto, una prueba de fuego para la JNJ y para la democracia peruana. Resolverlo con imparcialidad y transparencia es clave para evitar que hechos similares empañen futuros comicios. La lección final es que la logística electoral no puede ser un espacio para la improvisación o las presiones internas, sino un proceso blindado por la ley y la rendición de cuentas.

