El caso que sacude al fútbol argentino: propiedades, autos y una declaración que no cierra
En el centro de una investigación judicial que avanza silenciosamente, el Tesorero de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se ha convertido en el epicentro de una controversia que mezcla fútbol, dinero y presunta evasión fiscal. Fuentes judiciales sospechan que, mientras las empresas que giran en torno a este funcionario acumulan 35 propiedades y 135 automóviles, él mismo declara ingresos mínimos y asegura ante la Justicia que “percibo 5 millones de pesos por mes. Me alcanza para subsistir”. La afirmación, en un país con una inflación que supera el 100% anual, ha despertado alarmas y plantea preguntas incómodas sobre la transparencia en la gestión de los recursos que genera el fútbol profesional. Este artículo analiza en profundidad los detalles de la causa, los mecanismos de ocultamiento patrimonial y las implicancias para la institución madre del fútbol argentino.
El rol del Tesorero en la estructura de la AFA
El Tesorero de la AFA no es un cargo menor. Se trata de una de las posiciones clave dentro de la entidad que regula el fútbol argentino, responsable de administrar los ingresos millonarios que provienen de derechos de televisión, patrocinios, transferencias de jugadores y la participación de la selección nacional en torneos internacionales. En un contexto donde la AFA maneja presupuestos que superan los miles de millones de pesos anuales, quien ocupa esta función tiene acceso directo a la caja y a la toma de decisiones financieras.
Sin embargo, la investigación que ha salido a la luz revela una notable contradicción: el patrimonio personal que rodea al Tesorero —a través de empresas vinculadas— contrasta de manera abrupta con los ingresos que él mismo declara. Mientras que las compañías que orbitan su figura poseen un parque automotor que roza lo industrial (135 vehículos) y un portafolio inmobiliario de 35 propiedades, el funcionario afirma vivir con apenas 5 millones de pesos mensuales. En un país donde el salario mínimo ronda los 200.000 pesos, esa cifra podría parecer alta para el común de los ciudadanos, pero es insignificante para alguien que controla semejante volumen de bienes.
35 propiedades y 135 autos: el patrimonio que no declara
Las cifras hablan por sí solas. De acuerdo con las sospechas judiciales, las empresas que giran alrededor del Tesorero acumulan 35 inmuebles, que incluyen departamentos en zonas exclusivas de Buenos Aires, terrenos en el interior del país y propiedades comerciales. A esto se suma una flota de 135 vehículos, muchos de ellos de alta gama, que van desde camionetas 4×4 hasta autos deportivos. Este patrimonio, valuado en decenas de millones de dólares, no aparece en las declaraciones juradas del funcionario, quien se presenta ante el fisco como un simple asalariado.
La estrategia de utilizar empresas interpuestas para figurar como propietario nominal es un clásico de las investigaciones por lavado de activos y evasión fiscal. En este caso, la Justicia sospecha que el Tesorero es el beneficiario final de esos bienes, pero los ha registrado a nombre de sociedades para evitar que el fisco los detecte. El contraste entre su modesto ingreso declarado y la magnitud de su patrimonio genera un fuerte indicio de que algo no cierra. Si realmente viviera con 5 millones de pesos al mes, sería materialmente imposible mantener 35 propiedades y 135 autos, cuyo costo de mantenimiento, seguro e impuestos supera con creces esa cifra.
“Percibo 5 millones por mes. Me alcanza para subsistir”: la declaración que levanta sospechas
La frase que el Tesorero pronunció ante la Justicia se ha vuelto viral en los pasillos judiciales y en los medios de comunicación. “Percibo 5 millones de pesos por mes. Me alcanza para subsistir”, declaró, en un intento de justificar por qué no puede tributar más impuestos. Sin embargo, en el contexto inflacionario argentino, donde el costo de la canasta básica para una familia tipo supera ampliamente los 500.000 pesos, esa afirmación resulta difícil de sostener.
Los investigadores han calculado que solo el seguro y la patente de los 135 vehículos podrían consumir más de 2 millones de pesos al mes, sin contar gastos de combustible, mantenimiento y choferes. Además, los impuestos inmobiliarios y las expensas de 35 propiedades fácilmente requieren otro millón de pesos. Si el Tesorero declara 5 millones de ingreso total, gran parte de ese dinero se iría en mantener los bienes que supuestamente no son suyos. La incongruencia es tan evidente que la Fiscalía ha solicitado pericias contables y financieras para determinar el origen real de los fondos que sostienen ese patrimonio.
Mecanismos de elusión fiscal y triangulación de empresas
Las investigaciones apuntan a un esquema complejo de triangulación de empresas. Según las fuentes judiciales, el Tesorero habría creado una red de sociedades anónimas, algunas de ellas con domicilio en paraísos fiscales o en provincias argentinas con regímenes impositivos más laxos, para canalizar los ingresos que recibe de la AFA y de otros negocios vinculados al fútbol. Estas empresas facturan servicios de asesoría, logística o alquiler de vehículos a la propia AFA o a clubes, pero en realidad funcionan como pantallas para ocultar el verdadero beneficiario.
El modus operandi no es nuevo. En Argentina, la evasión fiscal a través de facturación apócrifa y testaferros es un flagelo que la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) combate con recursos limitados. En este caso, la particularidad es que el supuesto evasor ocupa un cargo de relevancia en la entidad que más dinero mueve en el deporte nacional. La sospecha es que el Tesorero utiliza su posición para desviar fondos hacia sus propias empresas, generando una doble ganancia: evade impuestos personales y se enriquece con recursos que deberían destinarse al desarrollo del fútbol.
‘La diferencia entre lo que declara y lo que realmente posee es tan abismal que resulta imposible de explicar con argumentos contables convencionales’, sostiene un investigador de la causa.
El impacto en la AFA y la transparencia del fútbol argentino
El escándalo golpea en un momento delicado para la Asociación del Fútbol Argentino. La entidad viene siendo cuestionada por la falta de transparencia en sus cuentas, la opacidad en la elección de autoridades y los constantes conflictos con los clubes del interior. Que su Tesorero esté bajo la lupa por presunta evasión fiscal y ocultamiento patrimonial no hace más que profundizar la desconfianza de la opinión pública y de los propios dirigentes.
Además, el caso tiene implicancias legales serias. Si la Justicia confirma que el Tesorero utilizó su cargo para beneficiarse personalmente, podría enfrentar penas de prisión por evasión agravada, lavado de activos y abuso de autoridad. La AFA, por su parte, debería revisar sus protocolos de control interno y exigir declaraciones juradas más estrictas a sus funcionarios. La pregunta que queda flotando es si este es un caso aislado o si refleja una práctica sistémica dentro de la dirigencia del fútbol argentino, donde los recursos públicos y privados se mezclan sin rendición de cuentas.
Conclusión: la necesidad de una investigación profunda y un cambio de paradigma
La situación del Tesorero de la AFA, con su abultado patrimonio empresarial y su declaración de ingresos ridículamente baja para sostenerlo, expone las grietas de un sistema que permite la acumulación de riqueza sin control fiscal. Mientras 35 propiedades y 135 autos esperan una explicación coherente, la Justicia debe determinar si se trata de un hábil constructor de testaferros o, simplemente, de un funcionario que miente al fisco. Lo que está claro es que la ciudadanía merece saber cómo se manejan los fondos que genera el fútbol, un deporte que mueve pasiones y dinero en igual medida. La investigación en curso es una oportunidad para que la AFA demuestre que la transparencia no es solo una palabra de campaña, sino un compromiso real. Mientras tanto, el caso seguirá alimentando la sospecha de que, en los pasillos del fútbol argentino, algunos viven como reyes declarando como limosneros.

