Congreso estudia expulsión temporal de ultras Quiles y Ndongo con 10 denuncias
El Congreso de los Diputados se prepara para aplicar una medida disciplinaria sin precedentes contra dos figuras ultraderechistas, Vito Quiles y Bertrand Ndongo, quienes acumulan más de una decena de denuncias por incidentes dentro y fuera de la cámara. Mientras la institución parlamentaria estudia su expulsión temporal, el Partido Popular mantiene una defensa firme de ambos agitadores, generando un fuerte debate político sobre los límites de la tolerancia y la convivencia democrática. Este artículo analiza los perfiles de los implicados, el historial de denuncias, la postura del PP, el proceso de expulsión y las implicaciones para el sistema político español.
El perfil de los agitadores: Vito Quiles y Bertrand Ndongo
Vito Quiles y Bertrand Ndongo han saltado a la primera plana política por su comportamiento disruptivo en el Congreso. Quiles, conocido por su activismo en redes y su vinculación con movimientos ultras, ha protagonizado numerosas intervenciones provocadoras que han generado malestar entre los grupos parlamentarios. Ndongo, por su parte, proviene del activismo identitario y ha sido señalado por su retórica agresiva contra colectivos minoritarios.
Ambos han conseguido escaños bajo siglas de la ultraderecha, pero su actuación va más allá de la confrontación política habitual. Según fuentes parlamentarias, sus acciones han incluido insultos a diputados, interrupciones reiteradas en los plenos y gestos intimidatorios hacia el personal de la cámara. Este comportamiento ha llevado a que numerosos grupos soliciten medidas drásticas contra ellos.
La figura de Vito Quiles ya era conocida antes de llegar al Congreso. En diversos medios, como EL PAÍS, se ha documentado su trayectoria como agitador en manifestaciones callejeras y su estrecha relación con sectores nostálgicos del franquismo. Bertrand Ndongo, en cambio, saltó a la fama por sus polémicas declaraciones sobre inmigración y multiculturalismo.
Una decena de denuncias: el historial de incidentes
El dato que más ha llamado la atención es que ambos acumulan más de una decena de denuncias formales. Estas denuncias provienen tanto de compañeros diputados como de trabajadores de la cámara e incluso de ciudadanos particulares que se han sentido agredidos verbalmente durante actos públicos. La Mesa del Congreso ha tenido que intervenir en múltiples ocasiones para calmar los ánimos.
Entre los incidentes más graves destaca un altercado en el que Vito Quiles increpó a una periodista durante una rueda de prensa, hecho que quedó registrado en vídeo y que la redacción de EL PAÍS recogió en su edición del 7 de mayo de 2026. Por su parte, Bertrand Ndongo fue denunciado por lanzar comentarios sexistas contra una diputada en el hemiciclo, lo que motivó una queja oficial del grupo socialista.
La acumulación de denuncias ha llevado a la Comisión de Reglamento a estudiar la posibilidad de una expulsión temporal, un mecanismo previsto en el reglamento pero que rara vez se aplica. Fuentes internas señalan que se ha superado el umbral de lo tolerable, y que la imagen del Congreso está en juego si no se actúa con contundencia.
“Ambos acumulan más de una decena de denuncias, mientras el PP insiste en defenderlos.” — El País, 8 de mayo de 2026
La defensa inquebrantable del Partido Popular
El Partido Popular ha asumido una postura pública de apoyo a Quiles y Ndongo, a pesar de las evidencias en su contra. Dirigentes populares han calificado las denuncias como “una maniobra política para silenciar a la oposición” y han acusado a la Mesa del Congreso de actuar de forma parcial. Esta defensa ha provocado tensiones internas en el PP, donde algunos sectores consideran que se está protegiendo a personas que han cruzado líneas rojas.
Los argumentos esgrimidos por la cúpula popular se centran en la libertad de expresión y el derecho a la crítica política. Sin embargo, sus críticos señalan que la defensa del PP no puede justificar amenazas o insultos. La formación conservadora necesita el apoyo de estos diputados para mantener su mayoría en ciertas votaciones, lo que explicaría su postura.
Además, el PP ha tratado de desviar la atención hacia supuestas irregularidades en la tramitación de las denuncias, aunque hasta el momento no ha presentado pruebas que las invaliden. La estrategia parece ser ganar tiempo mientras se decide el futuro de los agitadores.
El proceso de expulsión temporal: mecanismos y precedentes
El Congreso de los Diputados cuenta con mecanismos disciplinarios que permiten la expulsión temporal de un parlamentario por conductas gravemente atentatorias contra el orden y la dignidad de la cámara. El artículo 101 del Reglamento establece que, previo dictamen de la Comisión de Reglamento, el Pleno puede acordar la suspensión de derechos parlamentarios por un periodo máximo de un mes.
En los últimos años, este recurso se ha utilizado en contadas ocasiones, generalmente por falta de respeto reiterada al presidente de la cámara o por agresiones físicas. El caso de Quiles y Ndongo sería el primero en aplicarse a diputados ultras por acumulación de denuncias verbales y conductas disruptivas.
La decisión requiere mayoría absoluta del Pleno, lo que obliga a los partidos a posicionarse. Se espera que el PSOE, Unidas Podemos y los grupos nacionalistas apoyen la expulsión, mientras que el PP y Vox se opondrían. La tensión política es máxima, y el resultado podría sentar un precedente para futuros casos de comportamiento inapropiado en el hemiciclo.
Reacciones políticas y sociales ante la medida
La posible expulsión ha generado un intenso debate en la opinión pública. Organizaciones de defensa de los derechos civiles han mostrado su respaldo a la medida, argumentando que la tolerancia hacia la violencia verbal y las intimidaciones debilita la democracia. Por el contrario, sectores de la ultraderecha han convocado concentraciones de apoyo a Quiles y Ndongo, acusando al Congreso de “censura”.
En las redes sociales, la polarización es evidente. Mientras hashtags como #ExpulsiónYa o #CongresoSeguro son tendencia entre los críticos, los defensores utilizan #LibertadDeExpresión y #NoAlaCensura. La cobertura mediática, especialmente la de EL PAÍS, ha sido determinante para visibilizar el historial de denuncias y presionar a los grupos parlamentarios.
Dentro de la propia cámara, algunos diputados del PP han manifestado en privado su incomodidad con la defensa cerrada de sus líderes. Temen que el escándalo perjudique la imagen del partido de cara a las próximas elecciones andaluzas, donde la ultraderecha busca arañar votos. La decisión final se espera en las próximas semanas.
Implicaciones para la democracia y la convivencia parlamentaria
Más allá del caso concreto, la situación pone sobre la mesa preguntas fundamentales sobre los límites de la libertad de expresión en el ámbito parlamentario. ¿Hasta dónde puede llegar un diputado sin que se atente contra la convivencia? ¿Deben los partidos proteger a sus miembros aunque hayan traspasado líneas éticas?
La respuesta del Congreso marcará un antes y un después. Si se aprueba la expulsión, se enviará un mensaje claro de que las instituciones no toleran la violencia ni la falta de respeto. Si, por el contrario, se archiva el proceso por falta de apoyos, se abrirá la puerta a una escalada de conductas disruptivas que podrían paralizar la actividad legislativa.
Expertos en derecho constitucional señalan que la medida es proporcionada y cuenta con respaldo legal. Lo que está en juego no es solo el futuro de dos diputados, sino la credibilidad del Congreso como espacio de diálogo y respeto. La sociedad espera de sus representantes un comportamiento ejemplar, y la ciudadanía observa atenta cómo se resuelve este pulso político.
Conclusión
La acumulación de más de una decena de denuncias contra Vito Quiles y Bertrand Ndongo ha llevado al Congreso a plantear su expulsión temporal, una medida excepcional que evidencia la gravedad de sus actos. Mientras el Partido Popular mantiene una defensa numantina basada en la libertad de expresión, los demás grupos parlamentarios exigen firmeza para preservar la dignidad de la cámara. Este caso trasciende lo anecdótico y plantea un dilema ético y político sobre la tolerancia cero frente a conductas que dañan la convivencia democrática. El desenlace no solo afectará a los implicados, sino que definirá los estándares de comportamiento en el Parlamento español durante los próximos años. La decisión final está en manos del Pleno, y con ella, la reputación de la institución.

