La encrucijada del Perú: crecimiento o inestabilidad en la segunda vuelta
La segunda vuelta electoral en el Perú se presenta como un punto de inflexión decisivo para el futuro económico y social del país. El reconocido analista Jaime de Althaus sostiene que esta contienda definirá si la nación logra capitalizar el contexto internacional favorable para acelerar su crecimiento y reducir la pobreza, o si, por el contrario, la persistente inestabilidad política terminará frenando las inversiones y debilitando la economía. En su videocolumna, De Althaus examina con profundidad cómo la decisión de los electores impactará directamente en la confianza de los mercados, la solidez de las instituciones y la trayectoria del desarrollo peruano. Este artículo desglosa los factores clave que están en juego, apoyándose en los datos y perspectivas que han circulado en diversos medios durante la campaña.
El contexto internacional favorable: una ventana de oportunidad
De Althaus subraya que el Perú se encuentra ante un panorama externo excepcionalmente propicio. La demanda global de materias primas, especialmente de cobre y otros minerales estratégicos para la transición energética, ha elevado los precios de exportación y generado un flujo de ingresos que podría impulsar un ciclo virtuoso de inversión y empleo. Además, las tasas de interés internacionales, aunque volátiles, aún permiten financiamiento para proyectos de infraestructura y expansión productiva.
Sin embargo, esta ventana no será eterna. Países competidores como Chile, Australia o Indonesia ya están avanzando en la atracción de capitales y en la modernización de sus sectores extractivos. Para que el Perú no pierda esta oportunidad histórica, necesitará un entorno político predecible que genere certidumbre a los inversionistas. De lo contrario, las empresas podrían redirigir sus flujos hacia destinos más estables, dejando al país con recursos sin explotar y una población que sigue esperando mejoras concretas en su calidad de vida.
La inestabilidad política crónica: el principal lastre del crecimiento
Uno de los argumentos centrales de la videocolumna es que la inestabilidad política se ha convertido en el freno estructural más severo para la economía peruana. Los constantes cambios de gabinete, los procesos de vacancia presidencial y la fragmentación del Congreso han generado un clima de incertidumbre que desalienta las inversiones de largo plazo. Según datos recogidos en redes sociales y medios como El Comercio, los analistas coinciden en que cada crisis política resta entre 0.5 y 1 punto porcentual al crecimiento anual del PBI.
Esta volatilidad no solo afecta a las grandes corporaciones mineras, sino también a las pequeñas y medianas empresas que son el motor del empleo formal. La falta de reglas claras en materia tributaria, laboral y ambiental disuade a los empresarios nacionales de expandir sus operaciones. De Althaus advierte que si el próximo gobierno no logra consolidar una mayoría estable y un rumbo económico claro, el país podría caer en una espiral de baja inversión, menor recaudación fiscal y deterioro de los servicios públicos.
Confianza e instituciones: el activo intangible más valioso
La confianza en las instituciones es, según De Althaus, el eslabón perdido que conecta el contexto internacional favorable con el bienestar interno. Un gobierno legítimo, con independencia de poderes y respeto a la Constitución, puede restaurar la credibilidad del Perú ante los mercados internacionales. En sus análisis difundidos en TikTok e Instagram, el periodista enfatiza que la corrupción y la politización de organismos clave como el Banco Central de Reserva o la Contraloría han erosionado la base de la democracia peruana.
La recuperación de la confianza no es un proceso automático; requiere gestos concretos. La designación de técnicos independientes en puestos estratégicos, la aprobación de una agenda de reformas pro-mercado y la lucha frontal contra la corrupción podrían enviar señales positivas. Sin embargo, estas medidas chocan contra la tentación populista de algunos candidatos que prometen aumentos del gasto público sin sustento fiscal. El riesgo es que, si se elige un camino populista, la fuga de capitales se acelere y la pobreza, que ya afecta a más del 27% de la población, se profundice.
Reducción de la pobreza: el termómetro del éxito económico
El analista vincula directamente la capacidad de aprovechar el contexto favorable con la posibilidad de reducir la pobreza de manera sostenida. Perú logró una notable reducción de la pobreza entre 2004 y 2019, gracias al crecimiento impulsado por la inversión privada y la disciplina fiscal. Pero la pandemia y la inestabilidad política posterior revirtieron parte de esos avances. Según estimaciones de organismos internacionales, el país necesita crecer al menos un 4% anual durante una década para recuperar los niveles prepandemia.
Para lograr esa meta, no basta con exportar materias primas. Se requiere diversificar la economía, mejorar la productividad agrícola, ampliar la cobertura de educación técnica y cerrar brechas de infraestructura. Un gobierno que priorice la estabilidad y la confianza podrá atraer inversiones en sectores como la agroexportación, el turismo y la manufactura liviana, generando empleos de calidad. Por el contrario, un escenario de parálisis política mantendrá a millones de peruanos atrapados en la informalidad y la precariedad.
Los escenarios post-electorales: dos caminos divergentes
Jaime de Althaus plantea dos escenarios nítidos para el Perú tras la segunda vuelta. En el primero, el ganador logra formar un gobierno de unidad o al menos una coalición legislativa que permita aprobar reformas clave: flexibilización laboral, simplificación administrativa, estabilidad tributaria y modernización del Estado. Este camino, aunque difícil por la fragmentación política, podría desencadenar un círculo virtuoso de confianza, inversión y crecimiento. Las empresas internacionales ya han manifestado interés en proyectos mineros por más de 50.000 millones de dólares, pero condicionados a un clima de certidumbre.
En el segundo escenario, la polarización y el enfrentamiento entre poderes paralizan al Ejecutivo. Sin acuerdos básicos, el país podría ver una nueva caída de la calificación crediticia, un aumento del riesgo país y una aceleración de la fuga de capitales. De Althaus advierte que este camino lleva a un estancamiento económico prolongado, con más pobreza y descontento social. La decisión de los votantes, por tanto, no es solo sobre un candidato, sino sobre el modelo de desarrollo que regirá la próxima década.
La responsabilidad del voto: construir un futuro próspero
La videocolumna de Jaime de Althaus, replicada en plataformas como YouTube, Facebook y TikTok, ha generado un intenso debate sobre la responsabilidad ciudadana en esta coyuntura. El analista insiste en que la elección no es un mero trámite, sino la oportunidad de definir si el Perú aprovecha un momento histórico único o lo desperdicia. La pobreza no es un fenómeno inevitable: es el resultado de decisiones de política económica, de la calidad de las instituciones y de la confianza que se genera o se destruye.
En conclusión, el Perú está en una encrucijada. El contexto internacional favorable ofrece vientos a favor, pero sin un timón político firme y confiable, la nave puede terminar a la deriva. La reducción de la pobreza, la atracción de inversiones y el fortalecimiento de las instituciones dependen de la capacidad de los electores y los líderes para priorizar la estabilidad y el crecimiento sostenible. Como señala De Althaus, el país merece un gobierno que no solo administre la coyuntura, sino que construya las bases de un desarrollo inclusivo y duradero para todos los peruanos.

