Una segunda oportunidad a los 78 años
Don Arturo Bello, un vecino de la comuna de Lo Barnechea en Santiago de Chile, ha conmovido a todo un país al tomar una decisión que cambió su vida a los 78 años: regresar al colegio para aprender a leer y escribir. Su historia, difundida por la Municipalidad de Lo Barnechea, representa un poderoso testimonio de que nunca es tarde para cumplir un sueño postergado. Actualmente cursa segundo básico en el Instituto Fermín Vivaceta, retomando estudios que había abandonado hace más de siete décadas. Este artículo explora en profundidad su motivación, el contexto de la educación de adultos en Chile y el impacto de su ejemplo, demostrando que la perseverancia y las ganas de superación no entienden de edades.
El sueño que el trabajo infantil truncó
La infancia de Arturo Bello estuvo marcada por la necesidad. Según relató a medios como Cooperativa, no pudo continuar su educación cuando era niño debido a que tuvo que comenzar a trabajar para ayudar económicamente a su familia. Esta realidad, común en generaciones pasadas en Chile, lo obligó a dejar las aulas cuando cursaba apenas segundo básico, el mismo nivel que hoy retoma con orgullo. El trabajo infantil no solo le arrebató la posibilidad de aprender a leer y escribir, sino que postergó durante casi toda una vida un anhelo que nunca desapareció.
Don Arturo creció, formó una familia y trabajó durante décadas, pero la falta de habilidades básicas de lectoescritura siempre fue una barrera silenciosa. «Nunca fue fácil», ha confesado en las entrevistas difundidas por la Municipalidad. Cada trámite, cada documento, cada letrero en la calle representaba un obstáculo. Sin embargo, lejos de resignarse, guardó en su interior la firme determinación de que algún día volvería a sentarse en un pupitre. Ese día llegó a los 78 años, cuando decidió que ya no podía esperar más.
El reencuentro con las aulas en el Instituto Fermín Vivaceta
El Instituto Fermín Vivaceta, ubicado en la comuna de Lo Barnechea, ha sido el escenario de este inspirador reencuentro con la educación. Allí, don Arturo asiste regularmente a clases de segundo básico, compartiendo aula con compañeros mucho más jóvenes, pero con la misma ilusión de aprender. La institución, que cuenta con programas de educación para adultos, ha brindado un espacio inclusivo donde el estudiante de 78 años es recibido con respeto y admiración por parte de profesores y compañeros.
Las rutinas escolares para don Arturo implican un esfuerzo adicional: levantarse temprano, desplazarse hasta el instituto y concentrarse durante horas en lecciones de lenguaje y matemáticas. Sin embargo, según declaraciones recogidas por Meganoticias, él lo vive con una alegría contagiosa. «Cada letra que reconozco es un tesoro», ha dicho. La comunidad educativa destaca su disciplina y su humildad, cualidades que lo convierten en un ejemplo para todos los estudiantes, independientemente de su edad. Además, el plan de estudios está adaptado a las necesidades de los alumnos adultos, lo que facilita su proceso de alfabetización.
El respaldo de la Municipalidad de Lo Barnechea
La historia de don Arturo Bello no habría trascendido sin el apoyo activo de la Municipalidad de Lo Barnechea, que decidió difundir su caso a través de sus redes sociales y comunicados oficiales. En Instagram, la municipalidad publicó imágenes y videos del adulto mayor en su salón de clases, bajo el mensaje «¡Un orgullo!». Esta visibilización ha sido clave para que su ejemplo inspire a otras personas mayores que aún dudan en retomar los estudios. La administración comunal ha destacado que la educación es un derecho que no caduca y que existen programas municipales para facilitar el acceso a la alfabetización.
Además del reconocimiento público, la Municipalidad ha puesto a disposición becas y apoyo psicosocial para adultos mayores que quieran volver a estudiar. Don Arturo es la cara visible de una política local que busca reducir el analfabetismo en la tercera edad. Según datos contextuales, en Chile aún persisten bolsones de analfabetismo entre los adultos mayores, especialmente aquellos que crecieron en zonas rurales o en condiciones de pobreza. La iniciativa de Lo Barnechea, junto con la historia de Arturo, pone en evidencia la importancia de estos programas para cerrar brechas históricas.
El valor de la alfabetización en la tercera edad
La decisión de don Arturo Bello de aprender a leer y escribir a los 78 años va mucho más allá de lo anecdótico. Estudios en gerontología educativa demuestran que la alfabetización en la vejez tiene beneficios cognitivos, emocionales y sociales. Aprender nuevas habilidades mantiene activo el cerebro, retrasa el deterioro cognitivo y mejora la autoestima. Para don Arturo, además, significa recuperar la autonomía perdida: poder leer un cartel, firmar un documento o disfrutar de un libro sin depender de otros.
Desde una perspectiva social, la alfabetización de adultos mayores rompe con el estigma de que el aprendizaje es solo para los jóvenes. La historia de Arturo Bello, difundida por TVN y otros medios, ha generado un debate positivo sobre la necesidad de políticas inclusivas. En Chile, programas como el «Continuidad de Estudios» para adultos y los «Centros de Educación Integrada de Adultos» (CEIA) ofrecen segundas oportunidades, pero muchas veces las personas mayores desconocen estos recursos. El caso de don Arturo visibiliza que la demanda existe y que la respuesta institucional debe ser cada vez más flexible y empática.
Un ejemplo de perseverancia y superación
La repercusión mediática del caso de don Arturo Bello ha sido masiva. Desde Cooperativa hasta Meganoticias y TVN, los principales canales de Chile han replicado su historia, convirtiéndolo en un símbolo de esfuerzo y determinación. Lo que más conmueve es su actitud: «Nunca es tarde», repite con una sonrisa en cada entrevista. Sus compañeros de curso lo describen como un alumno aplicado y curioso, que pregunta sin miedo y celebra cada pequeño avance como si fuera una victoria.
Además, su ejemplo tiene un efecto multiplicador en su entorno familiar. Sus hijos y nietos, según se ha reportado, están orgullosos y motivados por su valentía. La comunidad de Lo Barnechea lo ha acogido como un vecino ejemplar. La historia de don Arturo nos recuerda que la educación no es solo una etapa de la vida, sino un proceso continuo que puede florecer en cualquier momento. Su perseverancia frente a las adversidades del pasado y su determinación en el presente son una lección de humildad y grandeza que trasciende generaciones.
Conclusión: el aprendizaje no tiene edad
La historia de Arturo Bello, el adulto mayor de 78 años que volvió al colegio en Lo Barnechea para aprender a leer y escribir, es un recordatorio conmovedor de que los sueños no prescriben. Su infancia truncada por el trabajo, su larga espera y su valiente regreso al Instituto Fermín Vivaceta nos enseñan que la educación es un derecho universal que debe estar disponible para todas las edades. Gracias al respaldo municipal y a su propia tenacidad, don Arturo está escribiendo un nuevo capítulo de su vida, letra por letra. Su ejemplo impulsa a otros adultos mayores a atreverse, demuestra que la alfabetización transforma vidas y refuerza la necesidad de políticas inclusivas. Al final, más que aprender a leer, don Arturo nos ha enseñado a todos el verdadero significado de la perseverancia.

