La motosierra del intendente: un gesto que incendió Bariloche
El intendente de Bariloche, Walter Cortés, tomó una motosierra y taló personalmente varios pinos centenarios en la avenida 12 de Octubre, la tradicional costanera de la ciudad. El acto, que él mismo grabó y difundió, desató una polémica que trascendió las fronteras de la provincia. Mientras Cortés defendió la medida argumentando que los árboles representaban un «peligro inminente» para los peatones y el tránsito, la oposición política y numerosos vecinos lo acusaron de autoritarismo y de destruir el patrimonio natural de la ciudad. Este artículo analiza en profundidad los hechos, las justificaciones, las reacciones y el contexto detrás de una decisión que ha dividido a una comunidad entera.
Los hechos: el intendente con la motosierra en la costanera
El pasado jueves, Walter Cortés se desplazó hasta la avenida 12 de Octubre, en pleno centro de Bariloche, y con una motosierra en mano comenzó a talar varios pinos que llevaban décadas en ese lugar. Un video que él mismo grabó y publicó en sus redes sociales muestra al jefe comunal cortando los troncos mientras afirma que los árboles estaban »enfermos y representan un riesgo». La imagen del intendente ejerciendo de operario municipal causó un fuerte impacto mediático y rápidamente se viralizó.
Según pudo confirmar Clarín, la tala se realizó sin previo aviso a la comunidad y sin la presencia de técnicos forestales independientes. Cortés justificó su acción directa señalando que »los pinos ya no son seguros» y que »había que actuar rápido». Sin embargo, muchos vecinos denunciaron que no hubo un estudio de riesgo previo ni se consultó a expertos en arboricultura. La concejal Julieta Wallace, del bloque opositor, afirmó en Infobae que «el intendente arrasó con 100 años de historia barilochense».
El argumento de la seguridad: ¿riesgo real o excusa?
Walter Cortés sostiene que los pinos de la costanera representaban un peligro por su constante caída de ramas y por el deterioro de sus raíces debido a la compactación del suelo y al paso de vehículos. La Municipalidad emitió un comunicado donde se afirma que varios ejemplares habían sido evaluados por personal de Parques y Jardines y se encontraron «con hongos y pudrición interna» que podían provocar desplomes inesperados.
Sin embargo, las críticas no se hicieron esperar. Especialistas en botánica consultados por medios locales señalaron que la mayoría de los pinos talados tenían buen aspecto exterior y que una poda selectiva o un tratamiento fitosanitario habría sido suficiente. “No se puede justificar una tala masiva con un argumento de seguridad si no se presenta un informe técnico detallado”, declaró un ingeniero forestal de la Universidad Nacional del Comahue. Además, vecinos de la zona recordaron que durante años se pidió mantenimiento de los árboles, pero nunca se actuó.
La polémica se intensificó cuando en redes sociales circularon imágenes de otros árboles en la misma avenida que también presentaban daños, pero que no fueron talados, lo que sugiere una decisión arbitraria más que una evaluación técnica sistemática.
La oposición responde: críticas desde la política y la ciudadanía
La reacción más dura provino de la concejal Julieta Wallace, quien calificó la acción de Cortés como «un acto de vandalismo institucional». En una entrevista con Infobae, afirmó: «Estos pinos eran parte de la identidad de Bariloche, testigos de generaciones. Cortés no solo cortó árboles, cortó la memoria de la ciudad». Wallace anunció que presentará un pedido de informes y una denuncia ante el Tribunal de Cuentas por presunto daño ambiental.
Otros concejales de la oposición también se sumaron a las críticas. La legisladora provincial María Inés González sostuvo que «la decisión debió pasar por el Concejo Deliberante y por una audiencia pública, no por la voluntad unilateral de un intendente con una motosierra». En las redes sociales, el hashtag #CortésNoTala se volvió tendencia en Bariloche, y grupos ambientalistas convocaron a una protesta frente a la Municipalidad. Incluso la cuenta oficial de Twitter de Clarín publicó la noticia y generó cientos de comentarios, la mayoría en contra de la medida.
«El intendente arrasó con 100 años de historia barilochense», denunció la concejal Julieta Wallace.
La historia detrás de los pinos: un siglo de paisaje barilochense
Los pinos talados en la avenida 12 de Octubre no eran árboles comunes. Muchos de ellos fueron plantados en la década de 1940 como parte de un plan de forestación impulsado por la Dirección de Parques Nacionales para embellecer la costa del lago Nahuel Huapi. Durante décadas, estos ejemplares de pino ponderosa y pino oregón se convirtieron en un ícono del paisaje urbano de Bariloche, fotografiados por turistas y residentes.
La avenida 12 de Octubre es una de las arterias más transitadas de la ciudad, y los árboles ofrecían sombra y un corredor verde que mitigaba el viento patagónico. Para muchos vecinos, los pinos eran «el living de la ciudad», un lugar de encuentro y de memoria colectiva. La concejal Wallace lo expresó con claridad: «No es solo madera lo que se fue, es un patrimonio natural y cultural que no se recupera». La tala ha reabierto el debate sobre la falta de un plan de manejo forestal urbano en Bariloche, una ciudad que ha crecido aceleradamente sin una política clara de preservación de su arbolado.
Seguridad vs. Patrimonio: el dilema de las ciudades que crecen
El conflicto en Bariloche refleja un dilema recurrente en muchas ciudades del mundo: cómo equilibrar la seguridad de los ciudadanos con la conservación del patrimonio natural. Por un lado, los árboles viejos pueden representar riesgos reales, especialmente en zonas con alto tránsito peatonal y vehicular. Las ramas caídas, las raíces que levantan veredas y los troncos debilitados por hongos son amenazas que ningún intendente puede ignorar.
Por otro lado, la tala indiscriminada sin estudios previos ni participación ciudadana es vista como una medida autoritaria y cortoplacista. Expertos en urbanismo coinciden en que la solución no es cortar, sino gestionar: realizar podas programadas, instalar sistemas de sujeción, o en casos extremos, reemplazar ejemplares de manera gradual y con árboles de especies autóctonas que se adapten mejor al entorno urbano. “La seguridad no está reñida con la conservación si se trabaja con criterio técnico y transparencia”, afirmó un arquitecto paisajista consultado por este medio.
El caso de Cortés pone sobre la mesa la necesidad de que los municipios cuenten con inventarios arbóreos actualizados y protocolos claros de intervención. Sin ellos, decisiones como la de la costanera corren el riesgo de parecer más un gesto político que una solución responsable.
Reacciones ciudadanas y el pulso en las redes sociales
Las redes sociales se convirtieron en el principal escenario del debate. En Facebook, la publicación de Clarín sobre la tala acumuló miles de reacciones y comentarios divididos. Mientras algunos usuarios apoyaron al intendente argumentando que «era necesario», otros lo calificaron de «ignorante» y «autoritario». Una usuaria local comentó: «Vivo acá y esos pinos eran refugio de aves y sombra para los abuelos. No se puede hacer esto sin consultar».
En Instagram, un video de las cuadrillas municipales cortando los pinos fue compartido masivamente. La cuenta oficial de la Municipalidad intentó justificar la medida con un carrusel de fotos explicando el estado de los árboles, pero la respuesta de los seguidores fue abrumadoramente crítica. Incluso surgieron memes comparando a Cortés con un «lumberjack» y cuestionando su capacidad de gestión. La concejal Wallace, por su parte, aprovechó la viralización para convocar a una asamblea vecinal que se realizará este fin de semana en la plaza del Centro Cívico.
La polémica no solo es local: medios nacionales como Infobae y Clarín dieron amplia cobertura, y el tema llegó a la agenda de los programas de radio de Buenos Aires. La pregunta que flota en el aire es si este episodio marcará un antes y un después en la relación de los barilochenses con su arbolado urbano.
Conclusión: entre la urgencia y la memoria
La tala de los pinos centenarios en la avenida 12 de Octubre por parte del intendente Walter Cortés ha puesto sobre la mesa un conflicto que va más allá de unos cuantos árboles: es la tensión entre la gestión eficiente y la participación ciudadana, entre la seguridad inmediata y el patrimonio colectivo. Mientras el jefe comunal defiende su acción como necesaria para evitar accidentes, una parte importante de la comunidad y la oposición lo acusan de actuar de manera unilateral y destructiva. El caso deja una lección clara: las decisiones sobre el arbolado urbano no pueden tomarse con una motosierra en la mano, sino con diálogo, estudios técnicos y respeto por la historia de la ciudad. Bariloche tendrá que decidir si este episodio es un punto final o el comienzo de una política ambiental más madura y consensuada.

