Darwin Rivas: el sacerdote que lleva la crisis migratoria al Papa
Darwin Rivas: el rostro humano de la migración en El Hierro
En la pequeña isla canaria de El Hierro, un sacerdote venezolano se ha convertido en el principal referente de acogida para los migrantes que llegan a sus costas. Darwin Rivas, titular de cuatro parroquias, no solo oficia misas: asiste en persona a quienes ingresan en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de la isla. Su labor, silenciosa pero incansable, ha trascendido al ámbito nacional e incluso vaticano. Según revela una investigación de El País, Rivas se prepara para contar al Papa León XIV la tragedia que se vive en la ruta canaria, asegurando con firmeza que “la migración no viene a quitarnos nada”. Este artículo explora su historia, su mensaje y el contexto de una crisis humanitaria que exige respuestas más allá de lo policial.
Un cura venezolano al frente de cuatro parroquias
Darwin Rivas es originario de Venezuela, pero desde hace años ejerce su ministerio en El Hierro, la isla más occidental del archipiélago canario. Su situación es excepcional: es el titular de cuatro parroquias, una carga pastoral que refleja tanto la escasez de clero en la isla como su dedicación absoluta. Lejos de limitarse a las tareas litúrgicas, Rivas ha hecho de la atención a los migrantes su principal misión.
Su día a día transcurre entre misas, visitas a los centros de acogida y el acompañamiento espiritual y material a cientos de personas que llegan en pateras o cayucos. “No es solo un cura de pueblo; es el primer rostro de la Iglesia que ven muchos africanos cuando tocan tierra”, explica una fuente cercana. La combinación de su origen migrante y su labor en primera línea le otorga una perspectiva única que ahora llegará hasta el mismísimo Papa.
La labor en el CATE: asistencia directa y testimonio
El Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de El Hierro es el primer lugar de acogida para los migrantes que sobreviven a la travesía atlántica. Allí, Darwin Rivas acude de forma regular para ofrecer apoyo emocional, alimentos, ropa y, sobre todo, escucha. “Muchos llegan traumatizados, han visto morir a compañeros en el mar. Lo primero que necesitan es que alguien los mire a los ojos como personas, no como números”, relata el sacerdote.
Su presencia no es simbólica: Rivas ha gestionado donaciones, coordinado redes de voluntarios y mediado con las autoridades para mejorar las condiciones del centro. La información recogida por El País destaca que, en medio de la saturación del sistema, la Iglesia local —con Rivas a la cabeza— se ha convertido en un pilar imprescindible. “No podemos solucionar la burocracia, pero sí podemos darles un abrazo y decirles que no están solos”.
La tragedia migratoria en la ruta canaria: cifras y realidades
La ruta canaria es una de las más mortíferas del mundo hacia Europa. En 2025 y lo que va de 2026, miles de personas han intentado la travesía desde las costas de África Occidental hasta las islas Canarias. El Hierro, por su ubicación, recibe un flujo constante de embarcaciones. Las autoridades calculan que cientos de personas han muerto en el intento, y los que llegan lo hacen en condiciones extremas: deshidratados, hipotérmicos y, a menudo, tras días sin alimento.
Frente a esta realidad, Darwin Rivas sostiene una mirada crítica hacia las políticas migratorias. “Es un problema político, no se resuelve con soluciones policiales”, afirma. Para él, la respuesta de la Unión Europea se centra en la contención y la externalización de fronteras, mientras se ignora el drama humano. “Detrás de cada llegada hay una historia de huida de la pobreza, la guerra o la persecución. Criminalizar a quienes huyen es un error moral”.
“La migración no viene a quitarnos nada. Viene a darnos la oportunidad de ser más humanos.” — Darwin Rivas
“La migración no viene a quitarnos nada”: un mensaje contra el miedo
La frase que titula este artículo se ha convertido en el lema del sacerdote. En un contexto donde crecen los discursos xenófobos y el miedo al “otro”, Rivas insiste en que los migrantes no son una amenaza sino una oportunidad. “No vienen a quitarnos trabajo ni recursos; vienen a sumar, a aportar su cultura, su fuerza, su fe. Muchos pueblos de Canarias se están vaciando, y los migrantes pueden revitalizarlos”, explica.
Su mensaje cala especialmente en una isla pequeña como El Hierro, donde la población local es mayoritariamente mayor y la economía depende del turismo y el sector primario. Rivas ha organizado encuentros entre vecinos y migrantes, promoviendo la integración desde el primer día. “Cuando conoces a una persona, dejas de tenerle miedo. La migración nos humaniza a todos”, sentencia.
El encuentro con el Papa León XIV: contar la verdad sin filtros
La noticia de que Darwin Rivas ha sido convocado para reunirse con el Papa León XIV ha puesto el foco mediático en su figura. Según la información de El País, el sacerdote venezolano llevará al Vaticano un relato directo de la tragedia migratoria en la ruta canaria. No se tratará de un discurso diplomático, sino de un testimonio crudo y humano.
Se espera que Rivas solicite al Pontífice un posicionamiento más enérgico de la Iglesia frente a las políticas de externalización de fronteras y la criminalización de la migración. “La Iglesia debe estar del lado de los que sufren, no de los poderes que cierran las puertas”, dice. El encuentro, que podría tener lugar en las próximas semanas, simboliza la conexión entre la labor de base en una isla remota y la máxima autoridad espiritual del mundo católico.
Una llamada a la acción: más allá de las soluciones policiales
El caso de Darwin Rivas ilustra una paradoja: mientras las administraciones se centran en el control fronterizo y las devoluciones, son las comunidades locales y las organizaciones religiosas quienes sostienen la acogida. El sacerdote reclama un enfoque integral que aborde las causas de la migración: la desigualdad global, los conflictos y el cambio climático.
Su labor en El Hierro demuestra que la integración es posible cuando hay voluntad. Sin embargo, advierte que la saturación del sistema y la falta de recursos ponen en riesgo esa convivencia. “No podemos hacerlo solos. Necesitamos una respuesta europea solidaria, de verdad. Que se reparta la responsabilidad y se invierta en desarrollo en África”. La visita al Papa no es, para Rivas, un gesto protocolario: es un altavoz para una causa urgente.
Conclusión: la lección de un cura que no calla
Darwin Rivas encarna una resistencia silenciosa pero firme: la de quienes consideran que la migración no es un problema que deba resolverse con vallas, sino un desafío moral que nos interpela a todos. Su testimonio, que llegará al Papa, recuerda que detrás de las cifras hay personas con derechos y dignidad. En una isla donde cuatro parroquias comparten un solo pastor, la fe se ha convertido en refugio para los que llegan exhaustos desde el mar. “La migración no viene a quitarnos nada”, repite. Y al decirlo, nos devuelve una verdad incómoda: lo que realmente está en juego no es la seguridad, sino la humanidad. Su mensaje resuena como una llamada a la solidaridad y a una política que no olvide el rostro de quien llega.

