También los enanos empezaron pequeños de Werner Herzog, análisis de la película de culto

También los enanos empezaron pequeños: El caos herzogiano

En el panorama del cine alemán de posguerra, Werner Herzog emergió como una voz única e inclasificable. Su segundo largometraje, También los enanos empezaron pequeños (1970), se erige como un experimento cinematográfico radical que trasciende géneros y explora los abismos del comportamiento humano. Lejos de ser una obra accesible, este filme nos sumerge en un microcosmos de caos y rebelión, utilizando un elenco compuesto íntegramente por actores con enanismo. Esta película, disponible en plataformas como Filmin y YouTube, no es un simple ejercicio de shock, sino una parábola profundamente perturbadora sobre la autoridad, la libertad y la fragilidad de la civilización.

Una sinopsis que desafía la convención

La trama, descrita en fuentes como Wikipedia y Filmaffinity, es aparentemente sencilla pero de una potencia simbólica abrumadora. La acción se desarrolla en una institución correccional aislada, habitada únicamente por personas de baja estatura. La frágil jerarquía y las normas represivas del lugar se desintegran rápidamente cuando los internos inician una revuelta. Lo que comienza como una lucha por la libertad degenera en un ciclo de violencia absurda, vandalismo y crueldad entre los propios rebeldes.

Herzog evita cualquier explicación psicológica o contextual fácil. No sabemos el porqué de su encierro ni cuáles son las reglas exactas. Esta ambigüedad deliberada, señalada en muchas críticas, es fundamental: convierte la película en un laboratorio donde observar la dinámica del poder en estado puro, despojada de las construcciones sociales habituales. La rebelión no conduce a la utopía, sino al caos autodestructivo, cuestionando así los ideales revolucionarios de la época.

El contexto de producción: el nacimiento de un mito

Rodada en 1970, esta película se inscribe en la primera etapa creativa de Herzog, marcada por un espíritu de provocación y una búsqueda de imágenes nunca antes vistas. Con un presupuesto ínfimo y un equipo reducido, el director alemán, quien además la escribió y produjo, trabajó con un elenco no profesional de actores con enanismo, como Helmut Döring y Gisela Hertwig, cuyos nombres figuran en la página de IMDb de la cinta.

El rodaje, como muchos de Herzog, fue una odisea. Se llevó a cabo en la isla de Lanzarote, cuyos paisajes volcáticos y áridos aportan una dimensión casi marciana, de planeta muerto, que acentúa la sensación de enclaustramiento y alienación. Herzog buscaba capturar una realidad intensificada, y para ello sometió a sus actores a condiciones extremas, un método que luego sería una constante en su filmografía. El resultado no es una película sobre personas con enanismo, sino una que utiliza su presencia física para alterar radicalmente la percepción del espectador sobre la escala y la normalidad.

Análisis y simbolismo: más allá de la anécdota

Interpretar También los enanos empezaron pequeños literalmente es perder su esencia. La obra funciona como una densa alegoría cuyas capas de significado han sido ampliamente debatidas. La institución puede leerse como un símbolo de cualquier sistema opresivo: el estado, la escuela, la familia, o incluso la civilización misma. La rebelión, inicialmente justa, se pervierte rápidamente, mostrando cómo el poder corrompe indistintamente, sin importar quién lo ostente.

Las imágenes son brutales y surrealistas: un auto empujado desde un techo, un mono atado a una cruz, la matanza ritual de animales. Herzog no juzga; solo observa con una mirada antropológica fría y curiosa. Este caos visual no es gratuito; es la materialización de un colapso interno, de un retorno a un estado primitivo y nihilista. La película sugiere que bajo la delgada capa del orden social yace un potencial de barbarie que puede emerger cuando las estructuras fallan.

Recepción crítica y legado

En su estreno, la película fue recibida con incomprensión, escándalo y acusaciones de explotación. Muchos críticos no supieron cómo abordar su contenido desafiante y su estética cruda. Sin embargo, con el paso de las décadas, su estatus ha cambiado radicalmente. Hoy es considerada una pieza de culto y una obra fundamental para entender el cine de Herzog y el Nuevo Cine Alemán.

Plataformas como Filmin la describen como «una joya del cine de Werner Herzog» y «una obra desconocida para la mayoría de aficionados que sorprende desde el primer fotograma», lo que ha permitido que nuevas generaciones la redescubran. Su influencia se percibe en directores que exploran el surrealismo y la distopía, y su poder perturbador permanece intacto. La película ya no se discute como una provocación, sino como un visionario y despiadado diagnóstico de la condición humana.

Dónde verla y por qué es relevante hoy

El acceso a esta película, antes difícil, se ha democratizado. Como indican los resultados de búsqueda, se puede encontrar completa en YouTube y en streaming en catálogos especializados como Filmin. Esto es crucial, porque su visionado es una experiencia que desafía la pasividad del espectador moderno, acostumbrado a narrativas digeribles.

Su relevancia contemporánea es innegable. En una era de polarización, revueltas sociales y cuestionamiento de todas las formas de autoridad, la parábola de Herzog resuena con fuerza renovada. Nos interroga sobre los límites de la libertad, la naturaleza cíclica de la opresión y la facilidad con la que cualquier revolución puede devorar a sus hijos. No ofrece respuestas, sino preguntas incómodas y esenciales.

Conclusión: una obra indispensable e intempestiva

También los enanos empezaron pequeños es mucho más que la curiosidad mórbida que su premisa sugiere. Es el trabajo de un artista joven y radical que arriesgó todo para filmar sus visiones, sin concesiones. Werner Herzog creó una alegoría del poder y el caos que, más de cinco décadas después, conserva una capacidad de shock y reflexión inusual. Desde su revolucionario uso del casting hasta su despiadado examen de la dinámica social, la película se erige como un faro incómodo en la historia del cine.

Su legado perdura porque nos obliga a mirar aquello que preferiríamos ignorar: la fragilidad de nuestro orden y el abismo que puede abrirse cuando este se quiebra. No es una película para «disfrutar» en el sentido convencional, sino para experimentar, cuestionar y debatir. Como toda gran obra de arte, su valor reside en su capacidad para seguir interrogándonos, desafiando nuestras certezas y recordándonos que, en palabras del propio Herzog, no estamos hechos para este mundo tan ordenado.