El pulmón verde de Jesús María en la cuerda floja
El Campo de Marte, el área verde más extensa y emblemática del distrito de Jesús María, enfrenta una crisis ambiental que ha encendido las alarmas entre vecinos y colectivos ecologistas. Las obras de remodelación iniciadas en noviembre de 2025, lejos de mejorar este espacio público, estarían provocando el secado progresivo de árboles por falta de riego y la posible reubicación de hasta 92 ejemplares. Según denuncias ciudadanas, esta intervención compromete la supervivencia de una vegetación que ha tardado décadas en consolidarse, en un distrito que se ha sobrepoblado aceleradamente y que ve en este parque su único pulmón verde de gran tamaño. El presente artículo analiza en profundidad el conflicto, los testimonios de los afectados, la postura oficial de la empresa a cargo (INVERMET) y las consecuencias que esta situación podría tener para el ecosistema urbano y la calidad de vida de los vecinos.
El Campo de Marte: un oasis amenazado por la remodelación
Con más de 40 hectáreas de extensión, el Campo de Marte ha sido durante décadas el principal espacio de recreación y esparcimiento para los residentes de Jesús María y distritos aledaños. Su arbolado maduro –compuesto por ficus, molles, sauces y otras especies– forma un microclima que mitiga el calor, filtra el aire y ofrece sombra a cientos de personas cada día. Sin embargo, desde que la Municipalidad de Jesús María, en coordinación con INVERMET, inició los trabajos de remodelación, el parque fue cerrado al público y muchas de sus zonas quedaron sin atención de riego.
Los vecinos denuncian que la maquinaria pesada y el movimiento de tierras han dañado raíces superficiales, mientras que el cese del sistema de irrigación en amplios sectores ha dejado a los árboles en estado de estrés hídrico. Como resultado, numerosos ejemplares muestran hojas amarillentas, ramas secas y corteza agrietada, síntomas evidentes de deshidratación. «Hemos visto árboles que tenían más de 50 años y ahora están completamente secos. Es una pérdida irreparable para el distrito», declaró un portavoz de la asociación de vecinos a El Comercio.
Denuncias vecinales: falta de riego y árboles que agonizan
Las quejas se han multiplicado en redes sociales y medios locales. Una publicación en Facebook del diario El Comercio recoge el testimonio de residentes que afirman: «Habrían dejado de regarlos. Vecinos de Jesús María denuncian que las obras de remodelación en el Campo de Marte estarían afectando gravemente sus áreas verdes». La falta de riego no solo afecta a los árboles grandes, sino también a arbustos y cubiertas vegetales que conforman el sotobosque del parque.
Según la investigación de La República, el estrés hídrico se ha agravado por la combinación de la temporada seca y el cierre total del parque, que impide a los propios vecinos realizar riegos de emergencia. «El pulmón verde de Lima en alerta», tituló ese medio, señalando que colectivos de Jesús María han documentado decenas de árboles con signos de marchitez irreversible. Una publicación en Instagram refuerza la cronología: «El cierre del parque por obras comenzó en noviembre de 2025 y ha dejado sin riego a varias zonas». La evidencia visual compartida por los vecinos muestra imágenes de grandes ficus con hojas caídas y troncos descoloridos.
La reubicación de 92 árboles: ¿una medida de protección o una condena?
Uno de los puntos más controversiales del proyecto es la posible reubicación de hasta 92 ejemplares arbóreos. La empresa INVERMET, encargada de las obras, ha asegurado que esta acción forma parte de un plan de protección ambiental y que los árboles serán trasladados a viveros temporales para ser reintegrados posteriormente al parque remodelado. Sin embargo, los vecinos y especialistas en arboricultura urbana advierten que el trasplante de árboles maduros tiene altas tasas de mortalidad, especialmente cuando se realiza en condiciones de estrés hídrico y sin un protocolo riguroso de manejo.
Los riesgos son múltiples:
- El daño al sistema radicular durante la excavación puede dejar a los árboles sin capacidad de absorber agua y nutrientes.
- El cambio de ubicación implica un shock de adaptación que muchos ejemplares no superan.
- La falta de riego previo al trasplante debilita aún más a los árboles, reduciendo sus posibilidades de supervivencia.
La comunidad exige que se transparente el plan de reubicación y se garantice un seguimiento post-trasplante con riego constante y monitoreo fitosanitario. «No se puede jugar con la vida de árboles que son patrimonio natural de todos los limeños», sostienen los denunciantes.
La respuesta oficial: INVERMET y sus garantías ambientales
Frente a la ola de críticas, INVERMET emitió un comunicado oficial en su portal institucional que lleva por título «INVERMET Garantiza Protección Ambiental en obras del Campo de Marte». En él, la entidad reafirma su compromiso con la protección de las áreas verdes y señala que todas las intervencuines cuentan con estudios de impacto ambiental aprobados. La empresa alega que se han implementado medidas como la instalación de un sistema de riego temporal y la supervisión de un equipo de ingenieros forestales.
Sin embargo, los vecinos replican que estas garantías no se han traducido en acciones visibles. «Hemos visto a los trabajadores regar solo algunas zonas, pero la mayoría de los árboles están completamente secos», indicaron a La República. Además, denuncian que no se ha permitido el ingreso de especialistas independientes para verificar el estado real de la vegetación. La controversia ha escalado hasta el punto de que varias organizaciones ambientalistas han solicitado la intervención de la Defensoría del Pueblo y de la Autoridad Nacional del Agua.
Impacto en la comunidad y el futuro del distrito
Jesús María es uno de los distritos más densamente poblados de Lima Metropolitana, con una creciente construcción de edificios de departamentos que ha reducido drásticamente sus áreas libres. El Campo de Marte representa el único pulmón verde de gran escala en la zona, y su deterioro afecta no solo la estética del distrito, sino también la salud de sus habitantes. «El parque es donde los niños juegan, los adultos mayores caminan y las familias pasan los fines de semana. Perderlo sería un golpe muy duro para la calidad de vida de todos», afirmó un vecino en declaraciones a El Comercio.
La remodelación, que según el proyecto original incluiría nuevas pistas de patinaje, zonas de juegos y áreas de descanso, se ha topado con la realidad de una ejecución que descuida la base ecológica del parque. Los residentes temen que, al finalizar las obras, el Campo de Marte quede irreconocible, con menos árboles y una vegetación joven que tardará años en cumplir las funciones ecosistémicas que antes brindaba el arbolado maduro. La pregunta que flota en el ambiente es si el distrito está dispuesto a sacrificar su patrimonio natural por una modernización mal planificada.
Conclusión: un llamado a la acción para salvar el Campo de Marte
La remodelación del Campo de Marte se ha convertido en un conflicto que trasciende lo urbanístico para tocar fibras profundas de identidad y bienestar comunitario. Los vecinos han documentado con imágenes y testimonios el secado de árboles, la falta de riego y los riesgos de una reubicación de 92 ejemplares que, lejos de protegerlos, podría condenarlos a muerte. Mientras INVERMET insiste en que cumple con los protocolos ambientales, la evidencia en terreno muestra un paisaje de estrés hídrico y abandono que contradice esas garantías. La solución no pasa solo por detener las obras, sino por iniciar un diálogo transparente que incluya a especialistas independientes y a la comunidad, garantizar el riego inmediato de todos los árboles y revisar el plan de reubicación con criterios técnicos rigurosos. El Campo de Marte es más que un parque: es el último gran aliento verde de Jesús María, y su agonía no puede dejar indiferente a nadie.

