La pista falsa de una empresa fantasma en San Isidro
El 22 de abril, un equipo de la Unidad de Investigación llegó hasta la dirección consignada por Marsala S.A.C. en la calle Dasso, en el exclusivo distrito de San Isidro. La razón del operativo era clara: localizar a la empresa que, según los registros, había realizado un aporte en especie de merchandising de campaña por más de S/ 40 000. Sin embargo, al llegar al lugar, los investigadores se encontraron con una realidad muy distinta. No había producción, almacenamiento ni el menor rastro de artículos plásticos. En esas mismas oficinas operaba Farenet, una compañía vinculada directamente a Jacques Rodrich Ackerman, conocido operador político vinculado a Fuerza Popular. Este hallazgo destapó una compleja red de triangulación de aportes que busca ocultar el verdadero origen del financiamiento electoral.
El hallazgo del 22 de abril: una dirección vacía de producción
La dirección de Marsala S.A.C. en la calle Dasso parecía, en teoría, una ubicación ideal para una empresa dedicada a la fabricación de merchandising. Sin embargo, cuando los investigadores llegaron, se toparon con un local que albergaba oficinas de Farenet, una firma cuyo giro de negocio no guarda relación alguna con la producción de artículos plásticos. No había maquinaria, materia prima ni trabajadores del rubro. La ausencia total de actividad industrial levantó todas las alarmas.
Este vacío físico contrasta con el monto declarado: más de S/ 40 000 en aportes en especie. La pregunta que surge es inmediata: ¿cómo una empresa que no produce ni almacena puede donar artículos promocionales por ese valor? La respuesta apunta a una posible fachada. Los documentos presentados ante la autoridad electoral indicaban que Marsala S.A.C. era la aportante, pero en los hechos, la empresa parece no existir más que en el papel.
Marsala S.A.C.: la empresa que no era lo que decía ser
Marsala S.A.C. figuraba en los registros como una compañía dedicada a la fabricación de plásticos y artículos promocionales. Sin embargo, la falta de instalaciones reales en la dirección declarada sugiere que su inscripción podría haber sido instrumental. Las investigaciones preliminares indican que la empresa fue constituida con un capital mínimo y que nunca desarrolló actividad comercial visible. Este perfil es típico de las llamadas «empresas fantasma», creadas únicamente para canalizar aportes y evadir controles.
El monto de S/ 40 000 no es menor. En el contexto de las campañas electorales en Perú, los aportes en especie son una forma habitual de financiamiento, pero también una vía para eludir los topes legales y el origen ilícito del dinero. La discrepancia entre el registro y la realidad física convierte a Marsala S.A.C. en un eslabón clave dentro de una cadena de operaciones sospechosas que la Unidad de Investigación busca desentrañar.
Farenet y la sombra de Jacques Rodrich Ackerman
En el mismo local donde se esperaba encontrar a Marsala S.A.C., operaba Farenet, una empresa de comunicaciones vinculada a Jacques Rodrich Ackerman. Rodrich no es un desconocido en el mundo político peruano: ha sido señalado como un operador financiero de Fuerza Popular, partido liderado por Keiko Fujimori. La conexión entre Farenet y Rodrich se ha documentado en diversas fuentes, incluyendo reportajes de El Comercio que detallan su papel en la triangulación de aportes.
Según la investigación publicada por ese diario, Fuerza Popular habría utilizado un entramado de empresas y personas naturales para canalizar dinero hacia sus candidatos, evitando así los límites legales y la trazabilidad de los fondos. Jacques Rodrich aparece como uno de los nexos principales, vinculado tanto a Farenet como a otras compañías que habrían servido de intermediarias. La coincidencia de direcciones refuerza la hipótesis de que Marsala S.A.C. era parte de esa misma red.
Triangulación de aportes: el mecanismo detrás del financiamiento oculto
El esquema de triangulación detectado en Fuerza Popular no es nuevo, pero la investigación ha permitido detallar sus pasos concretos. Una empresa donante, como Marsala S.A.C., declara un aporte en especie a un partido o candidato. Sin embargo, ese bien o servicio no proviene realmente de ella, sino de un tercero que quiere ocultar su identidad. La empresa fachada recibe el dinero o el material de un verdadero financiador, y luego lo transfiere al político, generando una cadena de intermediarios que dificulta el rastreo.
En el caso de los aportes de merchandising, el mecanismo es particularmente difícil de fiscalizar. Los objetos promocionales —gorras, polos, banderines— no dejan huella documental clara y pueden ser producidos por talleres informales. La Unidad de Investigación ha descubierto que, en varias campañas, estos aportes se registraron sin verificar la capacidad real de la empresa donante. La ausencia de producción en la dirección de Marsala S.A.C. sugiere que ese aporte de S/ 40 000 podría haber sido una maniobra para blanquear fondos de origen dudoso.
Cecilia Chacón y el rol de la tesorería partidaria
La investigación también ha puesto el foco en Cecilia Chacón, quien fungió como tesorera de Fuerza Popular durante el período en que se realizaron estos aportes. Según reportes de El Comercio, Chacón administraba millonarios ingresos, entre ellos los de su propio esposo, y tenía acceso directo a la contabilidad del partido. Su papel era central para autorizar y registrar las contribuciones, tanto en dinero como en especie.
El hallazgo de la dirección de Marsala S.A.C. vinculada a Farenet y a Jacques Rodrich pone a Chacón en una posición incómoda. Como tesorera, debía velar por la legalidad de cada aporte y verificar que las empresas donantes existieran realmente. Sin embargo, la evidencia sugiere que se aprobaron contribuciones de compañías sin actividad real. Esto abre la puerta a cuestionamientos sobre su responsabilidad en la posible omisión de controles internos o, peor aún, en la colaboración activa con el esquema de triangulación.
«La falta de producción en la dirección declarada de Marsala S.A.C. es una señal de alerta que debió ser detectada por la tesorería del partido», señalan fuentes de la investigación.
Implicancias legales y la ruta hacia la transparencia electoral
El caso de Marsala S.A.C. y su vínculo con Farenet y Jacques Rodrich no es un incidente aislado. Forma parte de un patrón más amplio de financiamiento paralelo que ha sido denunciado en varias campañas electorales peruanas. La legislación actual exige que los partidos informen detalladamente a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) sobre el origen de todos los aportes, pero las lagunas en la fiscalización permiten que empresas fantasma sigan operando.
La Unidad de Investigación ha remitido sus hallazgos a la autoridad electoral y al Ministerio Público, que ya evalúa abrir diligencias preliminares. De confirmarse la triangulación, los responsables podrían enfrentar sanciones que van desde multas hasta la pérdida de la inscripción del partido. Además, figuras como Cecilia Chacón y Jacques Rodrich podrían ser investigadas por delitos de lavado de activos y falsedad ideológica. El caso sienta un precedente para exigir una reforma profunda del sistema de financiamiento político en el Perú, donde la transparencia sea la regla y no la excepción.
Conclusión: la ficción de una empresa y la realidad de una red
La visita a la calle Dasso reveló que Marsala S.A.C. no era más que un nombre en un registro: sin producción, sin almacenes, sin actividad real. En su lugar, operaba Farenet, empresa de Jacques Rodrich, un actor recurrente en las tramas de financiamiento electoral de Fuerza Popular. El aporte en especie por más de S/ 40 000 queda así desenmascarado como parte de una triangulación que involucra a la ex tesorera Cecilia Chacón y a un entramado de compañías fachada. Este caso demuestra que, mientras los partidos no rindan cuentas con rigor y las autoridades no fiscalicen en campo, el dinero opaco seguirá fluyendo hacia las campañas. La investigación de la Unidad ha prendido las alarmas: la democracia peruana necesita mecanismos más sólidos para que cada aporte sea real y transparente, no una ficción contable.

