Rafael López Aliaga y una petición sin marco legal: La polémica por elecciones complementarias
El panorama político peruano se ha visto sacudido por una propuesta inusual en el marco de las elecciones generales de 2026. Rafael López Aliaga, candidato presidencial, ha solicitado públicamente la convocatoria a «elecciones complementarias» para antes del 3 de mayo, argumentando que cerca de un millón de ciudadanos no habrían podido ejercer su derecho al voto. Esta petición, ampliamente reportada por medios como El Comercio y Gestión, choca de frente con la opinión de especialistas en derecho electoral, quienes han sido rápidos en señalar la inexistencia de un marco legal que respalde tal medida. Este artículo analiza la propuesta, su contexto, las reacciones que ha generado y las profundas implicancias que tendría para el sistema electoral peruano.
El núcleo de la propuesta: ¿Qué pide exactamente López Aliaga?
Según las fuentes de investigación, el candidato presidencial Rafael López Aliaga realizó un llamado explícito para que se organicen elecciones complementarias con fecha límite el 3 de mayo. Su argumento central, recogido por diversos portales, se basa en la estimación de que aproximadamente un millón de peruanos se vieron impedidos de votar en los comicios generales. La petición sugiere que estas elecciones adicionales permitirían incluir a este sector de la población, pretendiendo, en teoría, fortalecer la legitimidad del proceso.
La propuesta fue divulgada a través de sus canales y replicada por medios nacionales e incluso internacionales, como el sitio chileno Emol. Sin embargo, desde el momento de su anuncio, la idea careció de precisiones técnicas sobre cómo se identificaría a este electorado específico, cómo se ejecutaría logísticamente un nuevo proceso en un plazo tan breve y, lo más crucial, bajo qué artículo de la ley electoral peruana se sustentaría. Esto transformó la petición, más que en una iniciativa técnica, en un potente movimiento político con un claro mensaje dirigido a sus seguidores y al establishment.
El contexto electoral peruano: Un terreno ya de por sí complejo
Para entender el impacto de esta petición, es necesario situarla en el escenario político posterior a los comicios generales. Perú atraviesa un período de alta polarización y desconfianza en las instituciones. En este clima, cualquier cuestionamiento a la transparencia o completitud de un proceso electoral encuentra un terreno fértil para germinar. La solicitud de López Aliaga, aunque sin sustento legal inmediato, apela directamente a ese sentimiento de malestar y a la percepción de que el sistema puede dejar a ciudadanos fuera.
La petición de «elecciones complementarias» no es un mecanismo previsto en la legislación peruana para casos generales. El sistema cuenta con procesos de segunda vuelta y protocolos para actuaciones muy específicas (como mesas suplementarias), pero no con la figura de un llamado a votación masivo y complementario días después de los resultados oficiales. Lanzar esta idea en un ambiente ya caldeado representa un desafío directo a la autoridad del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
La respuesta de los expertos: Un muro de legalidad
La reacción del mundo jurídico-electoral fue rápida y unánime. Como reportó El Comercio, especialistas en derecho electoral señalaron de manera contundente que «no existe marco legal para ello». Esta falta de sustento normativo es el principal escollo para la materialización de la propuesta. Los expertos explican que el sistema electoral está diseñado para ser un evento único y simultáneo en todo el territorio, con mecanismos de corrección previos a la proclamación de resultados, no posteriores.
La figura de «elecciones complementarias» simplemente no está tipificada en la Ley Orgánica de Elecciones ni en el Código Electoral. Lo que sí existe son procedimientos para resolver incidencias puntuales, como la instalación de mesas suplementarias si una mesa original no se instaló, pero esto es radicalmente diferente a convocar a un nuevo subproceso electoral nacional. La conclusión técnica es clara: la petición es jurídicamente inviable tal como está planteada. Esto no impide, sin embargo, que tenga un peso significativo en la narrativa política.
Análisis de la estrategia política detrás de la petición
Más allá del análisis legal, es crucial examinar el cálculo político de López Aliaga. Al hacer un llamado público a una medida extrema y sin base legal, el candidato cumple varios objetivos. Primero, se posiciona como un defensor de la voluntad popular supuestamente truncada, fortaleciendo su vínculo con su base de apoyo. Segundo, pone en la mira a los organismos electorales, presionándolos y desafiando su autoridad, lo que puede resonar entre quienes desconfían de estas instituciones.
En tercer lugar, si la petición es denegada (como era previsible), le permite construir un relato de víctima o de luchador contra un sistema que, en su narrativa, es excluyente. Esta estrategia es común en contextos de alta disputa política, donde el debate se traslada del terreno de los hechos y las leyes al terreno de la percepción y la movilización emocional. La amplificación de su mensaje en redes sociales, como se vio en el post de Facebook de Gestión y en coberturas en YouTube, es parte integral de esta táctica.
Implicancias y riesgos para la institucionalidad democrática
La propuesta, aunque inviable, no está exenta de consecuencias. Plantear mecanismos electorales fuera de la ley genera un peligroso precedente que puede erosionar la confianza en los procedimientos establecidos. Si cualquier candidato pudiera solicitar procesos a medida basados en estimaciones propias, la estabilidad y predictibilidad del sistema electoral se verían seriamente comprometidas. El principio de igualdad ante la ley y la seguridad jurídica son pilares que se debilitan con este tipo de declaraciones.
Además, alimenta la narrativa de un sistema «amañado» o injusto sin presentar pruebas contundentes ante las instancias correspondientes. Esto puede profundizar la deslegitimación de los resultados electorales en un segmento de la población, incrementando la tensión social y la polarización. La salud de una democracia depende en gran medida de que todos los actores acaten las reglas del juego, incluso cuando el resultado no les es favorable.
Conclusión: Entre la política y el derecho
La petición de Rafael López Aliaga de realizar «elecciones complementarias» para mayo representa un episodio más en la compleja relación entre la estrategia política y el marco legal en el Perú. Técnicamente, la propuesta se estrella contra la pared de la inexistencia de un sustento normativo, como han explicado expertos electorales. Políticamente, sin embargo, cumple una función clara: movilizar, cuestionar y posicionar una narrativa de defensa de un electorado supuestamente marginado.
Este caso evidencia el frágil equilibrio de la democracia peruana, donde las reglas institucionales son constantemente puestas a prueba por discursos que apelan a las emociones y percepciones. El desafío final, más allá de este episodio concreto, sigue siendo fortalecer la confianza ciudadana en los procesos electorales, garantizando que sean cada vez más inclusivos, transparentes y, sobre todo, respetados por todos los actores políticos dentro del irrenunciable estado de derecho.

