La eliminación preventiva de huellas dactilares a periodistas: un nuevo capítulo en la tensión entre seguridad y libertad de prensa
En una medida sin precedentes, fuentes oficiales confirmaron a Clarín que se ha decidido retirar las huellas dactilares a los periodistas acreditados de manera preventiva, en el marco de una investigación por espionaje ilegal. La decisión responde a una denuncia presentada por Casa Militar contra un programa de televisión, y según las autoridades «no hay un tiempo estimado» para que se revierta esta acción. Este artículo analiza los detalles de la medida, sus implicancias legales y el contexto más amplio de la relación entre el Estado y la prensa, en un momento donde la seguridad nacional choca con el derecho a la información.
¿Qué implica la eliminación de las huellas dactilares en las acreditaciones?
La acreditación de periodistas en ámbitos gubernamentales y militares suele incluir datos biométricos como las huellas dactilares como mecanismo de control de acceso y seguridad. Estos registros permiten identificar de forma única a cada profesional y garantizar que solo personal autorizado ingrese a zonas restringidas. Al eliminarlos de manera preventiva, los periodistas pierden un elemento clave de su identificación oficial, lo que puede traducirse en trabas para ingresar a ruedas de prensa, coberturas en edificios públicos o eventos de Estado.
La decisión, según subrayaron las fuentes, responde a una lógica de precaución: «Se decidió quitar las huellas dactilares a los periodistas acreditados de manera preventiva por el espionaje ilegal». Esto implica que, sin una acusación formal individual, todos los acreditados quedan sujetos a una medida colectiva que afecta su labor cotidiana. Organizaciones de defensa de la prensa ya advierten que esta acción podría vulnerar el principio de presunción de inocencia y generar un efecto disuasorio sobre la cobertura de temas sensibles.
La denuncia de Casa Militar y el origen del conflicto
El detonante de esta medida fue una denuncia presentada por Casa Militar, una unidad que depende de la Presidencia y tiene a su cargo la seguridad del presidente y del personal militar. La denuncia apunta contra un programa de televisión, cuyos detalles no han sido revelados públicamente, acusado de haber obtenido información clasificada a través de métodos ilegales. El espionaje ilegal a periodistas no es un hecho aislado en la región; sin embargo, la respuesta de las autoridades ha sido vista por algunos sectores como desproporcionada y punitiva hacia el conjunto del gremio.
La Casa Militar, en su carácter de organismo de seguridad, habría argumentado que existían sospechas de que las huellas dactilares de algunos periodistas pudieron haber sido utilizadas para acceder a instalaciones restringidas o para suplantar identidades. No obstante, hasta el momento no se han presentado pruebas que vinculen a los acreditados con actividades ilícitas. La ausencia de un tiempo estimado para revisar la medida genera incertidumbre y críticas por parte de sindicatos periodísticos, que consideran que se castiga a todo un colectivo sin un debido proceso.
Reacciones del gremio periodístico y antecedentes de espionaje
La medida ha provocado un fuerte rechazo entre asociaciones de prensa y defensores de los derechos humanos. La Federación de Periodistas de Argentina (FEPBA) emitió un comunicado donde califica la acción como «un ataque a la libertad de prensa y un precedente peligroso». Señalan que la recolección de datos biométricos ya es un tema controvertido, pero su retiro punitivo sin base judicial concreta sienta las bases para futuras restricciones basadas en sospechas no verificadas.
Argentina cuenta con antecedentes de espionaje ilegal a periodistas, como el caso de la «mafia de los escuchas» durante el gobierno de Mauricio Macri, donde se interceptaron comunicaciones de abogados, políticos y miembros de la prensa. En este contexto, la medida preventiva de Casa Militar revive el debate sobre los límites de la inteligencia estatal y la necesidad de controles independientes. Muchos periodistas temen que esta acción sea el primer paso hacia un sistema de acreditación más restrictivo, donde el acceso a la información dependa de la lealtad política o la ausencia de denuncias previas.
Implicancias legales: ¿es legal una medida preventiva colectiva?
Desde el punto de vista jurídico, la eliminación de datos biométricos de los periodistas acreditados se sustenta en un principio de autotutela administrativa, donde el Estado puede modificar condiciones de acceso a sus instalaciones por razones de seguridad. Sin embargo, expertos en derecho constitucional advierten que esta acción podría violar el artículo 14 de la Constitución Nacional, que garantiza el derecho a trabajar y a publicar ideas sin censura previa. Al afectar la capacidad de los periodistas para ejercer su profesión, la medida podría ser considerada una restricción indirecta a la libertad de expresión.
Además, la Ley de Protección de Datos Personales (Ley 25.326) establece que los datos biométricos son sensibles y su tratamiento debe ser justificado, proporcionado y con consentimiento informado. El retiro preventivo sin una investigación concluyente podría ser impugnado judicialmente. Varios abogados especializados ya evalúan presentar amparos colectivos, argumentando que la medida vulnera el principio de igualdad ante la ley, al tratar a todos los periodistas como sospechosos sin distinción.
¿Hacia dónde va la relación entre Estado y prensa?
La incertidumbre sobre el tiempo que durará la medida es uno de los puntos más críticos. Mientras las fuentes oficiales afirman que «no hay un tiempo estimado» para la revisión, los periodistas afectados viven una situación de indefensión. Las acreditaciones sin huella dactilar pierden validez en muchos accesos, lo que obliga a los profesionales a someterse a controles más largos o incluso a ser excluidos de coberturas importantes, como conferencias de prensa presidenciales o actos militares.
Este caso es un reflejo de una tendencia global: la creciente tensión entre la necesidad de seguridad estatal y la protección de la libertad de prensa. En países como México o Brasil, el espionaje a periodistas ha sido documentado ampliamente, y las respuestas gubernamentales suelen oscilar entre la negación y la criminalización de quienes investigan. La medida de Casa Militar podría endurecer la postura de los medios, que ya evalúan acciones legales y campañas de concientización pública. El desenlace dependerá de la presión social, la intervención del Poder Judicial y la voluntad política de revertir una decisión que, por ahora, deja a los periodistas en un limbo administrativo.
Conclusión: entre la seguridad preventiva y los derechos adquiridos
La eliminación de las huellas dactilares a los periodistas acreditados como medida preventiva por espionaje ilegal representa un punto de inflexión en la relación entre el Estado argentino y la prensa. Si bien la seguridad es un valor legítimo, aplicar una sanción colectiva sin acusaciones individuales ni plazos definidos resulta desproporcionado y erosiona la confianza en las instituciones. Este caso demuestra cómo un hecho puntual, como una denuncia de Casa Militar contra un programa de TV, puede desencadenar restricciones generalizadas que afectan el derecho a informar y a ser informado. La ausencia de un marco claro para la revisión de la medida deja a los periodistas en una posición vulnerable, y el debate sobre los límites del control estatal sobre las acreditaciones está lejos de cerrarse. La sociedad civil, los organismos de derechos humanos y el propio Poder Judicial tendrán la última palabra para garantizar que la prevención no se convierta en censura.
El equilibrio entre la seguridad nacional y la libertad de prensa es frágil; medidas como esta recuerdan que ningún derecho debe sacrificarse en nombre de la sospecha generalizada. La transparencia y el debido proceso son las únicas herramientas capaces de preservar ambos valores.

