El Fenómeno El Niño Costero se intensifica: de débil a moderado entre junio y julio
La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) ha emitido un nuevo comunicado que actualiza el panorama climático para Perú. Según el informe, el actual evento de El Niño Costero, que hasta ahora se mantenía en una condición débil, presenta una alta probabilidad de evolucionar a magnitud moderada entre los meses de junio y julio de este año. Lo más relevante es que este patrón cálido podría extenderse, al menos, hasta enero de 2027, manteniendo una intensidad variable. Esta noticia, difundida por fuentes oficiales como la agencia Andina y medios como El Comercio e Infobae, ha generado alerta en diversos sectores, desde la agricultura hasta la gestión de riesgos. En este artículo analizamos en detalle las proyecciones de ENFEN, los impactos esperados y las medidas que se deben considerar para afrontar un escenario climático prolongado.
¿Qué es El Niño Costero y en qué se diferencia del Niño Global?
Para entender la relevancia del anuncio de ENFEN, es crucial diferenciar entre los dos tipos de eventos cálidos que afectan al país. El Fenómeno El Niño Costero se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico en la zona ecuatorial oriental, muy cerca de la costa peruana. A diferencia del Niño clásico o global, que abarca todo el Pacífico tropical, el Costero se concentra en la región adyacente a Perú y Ecuador, y sus efectos suelen ser más inmediatos y localizados.
El ENFEN monitorea permanentemente las condiciones oceanográficas y atmosféricas en esta franja costera. El actual evento comenzó como débil, pero las proyecciones indican un fortalecimiento. Según el comunicado citado por Andina, «este evento climático podría continuar, al menos, hasta enero de 2027 con intensidad débil, aunque entre junio y julio podría alcanzar una magnitud moderada». Esto implica que no solo se intensifica en el corto plazo, sino que su duración se vuelve excepcionalmente larga, lo que aumenta el riesgo de impactos acumulativos.
Pronóstico de ENFEN: fechas clave y evolución de la intensidad
El comunicado oficial de ENFEN, difundido a principios de mayo de 2026, establece un cronograma claro. En el momento de la emisión del informe, el Niño Costero se mantenía en condición débil. Sin embargo, las variables oceánicas y atmosféricas indican una tendencia al calentamiento progresivo. «El Niño Costero seguiría en condición débil, pero con alta probabilidad de pasar a moderado entre junio y julio», señala Infobae en su reportaje del 1 de mayo de 2026.
Pero la novedad más significativa es el horizonte temporal extendido. Mientras que eventos anteriores solían durar unos pocos meses, este podría prolongarse hasta enero de 2027. El diario El Comercio destaca que ENFEN «confirmó que el actual El Niño Costero débil podría pasar a moderado entre junio y julio y continuar hasta enero de 2027». Esto significa que la población y las autoridades deben prepararse para casi un año y medio de condiciones anómalas, con un pico de intensidad esperado a mediados de 2026 y una posible persistencia débil hasta inicios de 2027. El informe de Perú21 añade que incluso el ‘Niño global’ podría activarse en junio, aunque con intensidad débil en promedio, lo que refuerza la complejidad del escenario.
Implicaciones climáticas: lluvias intensas y cambios en la temperatura del mar
El paso de un Niño Costero débil a moderado implica cambios sustanciales en el clima peruano. Históricamente, este fenómeno se asocia con lluvias intensas y atípicas en la costa norte y central del país, especialmente en regiones como Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad. Un evento moderado puede generar precipitaciones que duplican o triplican los valores normales, provocando inundaciones, desbordes de ríos y huaicos.
Además, el calentamiento del mar altera los ecosistemas marinos. La temperatura superficial del océano aumenta, lo que puede afectar la distribución de nutrientes y, por ende, la pesca. El cambio de intensidad también modifica los patrones de viento y la humedad atmosférica, creando condiciones propicias para la ocurrencia de tormentas eléctricas y vientos fuertes. Las regiones altoandinas también pueden experimentar alteraciones en sus regímenes de lluvia, aunque con menor intensidad que en la costa. La prolongación del evento hasta 2027 sugiere que estos impactos no serán esporádicos, sino que podrían repetirse en varias temporadas húmedas consecutivas.
Impacto en sectores clave: agricultura, pesca e infraestructura
La agricultura es uno de los sectores más vulnerables. Los cultivos de exportación como el mango, el banano orgánico y el arroz, concentrados en la costa norte, son extremadamente sensibles al exceso de lluvias. Un evento moderado puede arruinar las cosechas, saturar los suelos y favorecer la aparición de plagas. Los productores deben evaluar riesgos y adelantar cronogramas de siembra o invertir en sistemas de drenaje.
En la pesca, el calentamiento costero provoca la migración de especies como la anchoveta hacia aguas más frías, lo que impacta directamente en la industria harinera y en la alimentación de las comunidades costeras. La infraestructura vial y urbana también está en la mira. Carreteras, puentes y viviendas precarias pueden colapsar ante lluvias torrenciales. El ENFEN recomienda que los gobiernos locales y regionales activen sus planes de prevención y respuesta. La experiencia de eventos pasados, como el Niño Costero de 2017, dejó lecciones dolorosas en cuanto a la necesidad de mantenimiento de causes de ríos y sistemas de alerta temprana.
Medidas de preparación y respuesta ante un escenario prolongado
Ante la confirmación de que el evento podría durar hasta enero de 2027, las autoridades peruanas han empezado a coordinar acciones. El Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) y el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) deben reforzar los protocolos de respuesta. Es esencial que los municipios realicen labores de limpieza y descolmatación de quebradas y drenajes pluviales antes de la llegada de las lluvias más fuertes, previstas para el semestre junio-noviembre.
Para la población, la recomendación principal es mantenerse informada a través de los comunicados oficiales de ENFEN y el Senamhi. En zonas de alto riesgo, se deben identificar rutas de evacuación y puntos de reunión. Las familias pueden preparar mochilas de emergencia con documentos, agua, alimentos no perecibles y abrigo. Los agricultores y pescadores, por su parte, deben buscar asesoría técnica para adaptar sus actividades ante las condiciones climáticas adversas. La prevención es la herramienta más eficaz para minimizar pérdidas humanas y materiales en un periodo tan extenso como el que se pronostica.
Perspectivas a largo plazo: ¿un nuevo patrón climático en Perú?
La duración inusualmente larga de este evento –de casi un año y medio– plantea preguntas sobre si estamos frente a un cambio en los patrones climáticos regionales. Algunos científicos señalan que el cambio climático global podría estar favoreciendo la persistencia de condiciones cálidas en el Pacífico oriental. El hecho de que ENFEN también esté monitoreando la posible activación de un ‘Niño global’ en junio (según Perú21) sugiere una interconexión entre ambos fenómenos que podría amplificar los efectos.
Si bien las proyecciones actuales indican que la intensidad máxima sería moderada, no se descartan picos de lluvia localizados muy por encima de lo normal. La comunidad científica recomienda no bajar la guardia, incluso si las condiciones se debilitan hacia finales de 2026. La transición a un estado débil en 2027 no significa que los peligros desaparezcan, ya que la saturación del suelo y el deterioro de la infraestructura pueden generar nuevos riesgos. El monitoreo constante y la inversión en medidas de adaptación a largo plazo son las claves para enfrentar un clima cada vez más variable.
En conclusión, el pronóstico de ENFEN es claro: el actual El Niño Costero débil tiene una alta probabilidad de intensificarse a moderado entre junio y julio de 2026, y se extenderá al menos hasta enero de 2027. Este escenario implica un periodo prolongado de lluvias intensas, alteraciones en la pesca y la agricultura, y la necesidad de una preparación exhaustiva por parte de autoridades y población. La prevención, la coordinación interinstitucional y la información oportuna serán determinantes para mitigar los impactos. La invitación es a no confiarse: aunque el evento no alcance magnitudes extremas, su larga duración lo convierte en un desafío sin precedentes recientes para el país.

