El ‘cambiazo’ del oro: la fortuna inexplicable de un capitán PNP
El nombre de Román Vallejos Castillo ha saltado a los titulares de la prensa peruana por un motivo que desafía toda lógica: siendo capitán de la Policía Nacional del Perú con un sueldo mensual de aproximadamente 4.000 soles, logró acumular en sus cuentas bancarias la friolera de 31 millones de soles en apenas dos años. Su supuesta fuente de ingresos, según su propia versión, sería la compra y venta de vehículos, una actividad que, según él, le permitía cerrar operaciones de hasta 400 mil soles en tan solo tres horas. Sin embargo, las autoridades lo investigan como uno de los cerebros de la denominada banda del «cambiazo», una modalidad delictiva en la que lingotes de oro decomisados eran sustituidos por barras de cobre durante operativos policiales. Este artículo desentraña los hilos de un caso que mezcla corrupción, lujo y un sistema que no supo detectar a tiempo a un «rey Midas» uniformado.
El modus operandi del ‘cambiazo’
La investigación revela una mecánica sofisticada y ejecutada con precisión quirúrgica. Según las fuentes consultadas, la banda liderada por Vallejos Castillo interceptaba decomisos de oro realizados en carreteras o durante allanamientos. En lugar de registrar y custodiar los lingotes de oro legítimos, los agentes implicados reemplazaban el metal precioso por barras de cobre de similar peso y apariencia. Para un ojo no entrenado o en medio de un operativo ajetreado, el engaño pasaba desapercibido. El lingote original era luego vendido en el mercado negro o a compradores dispuestos a no hacer preguntas.
La fuente periodística El Comercio detalla que esta práctica se repitió en múltiples ocasiones. No se trataba de un hecho aislado, sino de una red que operaba con regularidad durante al menos dos años. El propio Vallejos, según testigos, era quien coordinaba los «cambiazos» aprovechando su posición y conocimiento de los procedimientos policiales. La sustitución de oro por cobre no solo generaba una ganancia inmediata, sino que permitía que los reportes oficiales reflejaran un decomiso normal, sin levantar sospechas inmediatas.
¿Cómo se construyó la fortuna de los 31 millones?
La pregunta central del caso es: ¿cómo un policía con sueldo de 4.000 soles mensuales logró amasar 31 millones en dos años? La respuesta, según los fiscales, está en la reiteración de los ilícitos. Cada «cambiazo» reportaba ingresos millonarios. Se estima que la banda logró sustraer varios lingotes de oro de alto valor, y la participación del capitán le aseguraba una comisión significativa. Además, las cuentas bancarias intervenidas muestran depósitos en efectivo que suman más de 9 millones de soles, un monto imposible de justificar con la venta de autos usados.
La defensa de Vallejos intenta explicar el origen de los fondos señalando que durante años se dedicó al comercio de vehículos, incluso alquilaba un local para tal fin. Sin embargo, los investigadores han detectado inconsistencias: no se han encontrado registros formales de compra-venta que respalden el volumen de transacciones necesario para generar semejante fortuna. Además, la rapidez con la que se movía el dinero (ventas de 400 mil soles en tres horas) es incompatible con el mercado legal de autos de segunda mano, que suele requerir trámites documentarios y tiempos más largos.
El hallazgo de los 9 millones en efectivo
Uno de los puntos más impactantes de la investigación fue el descubrimiento de más de 9 millones de soles en efectivo en cuentas bancarias a nombre del capitán y de sus familiares. Este dato fue reportado por fuentes como LP Derecho y Trome. El dinero no estaba depositado en una sola cuenta, sino distribuido en distintas entidades financieras, lo que sugiere un intento de no levantar alertas en el sistema de prevención de lavado de activos.
Los fiscales han señalado que, pese a que el capitán percibía un sueldo oficial de 4.000 soles, sus movimientos bancarios mostraban ingresos constantes y crecientes. En su declaración, Vallejos afirmó que el dinero era producto de la venta de autos, pero no pudo presentar facturas ni contratos de compraventa que acrediten el origen legal de los fondos. Este silencio documental es, para la Fiscalía, la prueba más clara de que el dinero proviene del delito del «cambiazo».
La increíble justificación del «rey Midas»
En las redes sociales y medios locales, el caso ha sido bautizado como el del «rey Midas», en alusión al personaje mitológico que convertía todo en oro. La defensa del capitán intentó construir una narrativa de emprendedor exitoso. «En tres horas puede hacer una venta de más de 400 mil soles, increíble», comentó un allegado a la investigación, según recoge la publicación de El Comercio en Facebook. Bajo ese argumento, Vallejos habría asegurado que si hubiera querido enriquecerse ilícitamente, se habría retirado de la PNP para dedicarse plenamente a los negocios.
Sin embargo, esta versión choca con la evidencia. Los investigadores señalan que los ingresos no provenían de un negocio legítimo, sino de la venta de oro robado. Además, el hecho de que el capitán continuara en la Policía mientras realizaba estas transacciones sugiere que su cargo le proporcionaba información privilegiada y acceso a los decomisos.
«No se puede ser vendedor de autos exitoso sin dejar rastro fiscal, ni generar semejante cantidad de efectivo sin una fuente clara», sostiene un informe fiscal al que accedió la prensa.
Las repercusiones en la Policía Nacional y la investigación en curso
El caso ha generado una onda expansiva dentro de la PNP. No solo por la cuantía de la fortuna, sino porque involucra a un oficial que debía velar por la ley. La institución ha abierto un proceso administrativo disciplinario y ha separado a Vallejos del servicio activo mientras duren las investigaciones. Además, se investiga la posible complicidad de otros agentes que participaron en los operativos donde se realizaron los «cambiazos».
La Fiscalía Especializada en Criminalidad Organizada ha solicitado medidas coercitivas, como el embargo de bienes y la detención preventiva del capitán. Se estima que la banda operaba desde al menos 2021 y que logró desviar varios kilogramos de oro. Las autoridades han pedido a las entidades financieras información sobre las cuentas de otros posibles implicados. El proceso judicial podría extenderse por meses, pero el caso ya ha dejado al descubierto una vulnerabilidad crítica en los protocolos de decomiso y custodia de bienes incautados.
Lecciones de un escándalo que expone la corrupción interna
El «cambiazo» de los lingotes de oro no es un hecho aislado. Refleja cómo las redes de corrupción pueden instalarse dentro de las fuerzas del orden si no existen controles rigurosos. La diferencia entre un operativo legal y un robo con uniforme puede ser, literalmente, el peso de un lingote. En este caso, el peso del oro fue reemplazado por cobre, pero el peso de la evidencia contra el capitán es abrumador.
La historia de Román Vallejos Castillo sirve como advertencia sobre la necesidad de fortalecer la supervisión de los procedimientos policiales, especialmente cuando se manejan bienes de alto valor. También pone en cuestión los mecanismos de control patrimonial: ¿cómo es posible que un policía acumule 31 millones de soles en dos años sin que ningún sistema de alerta temprana se active? La respuesta, lamentablemente, está en la complicidad, la falta de fiscalización y, quizás, en la creencia de que el oro puede cambiar de manos sin dejar rastro. La justicia peruana tendrá la última palabra, pero el país ya ha recibido una lección incómoda sobre los límites de la honestidad cuando el metal precioso brilla demasiado.

