Capitanich revela el respaldo interno a eliminar las PASO obligatorias

El reconocimiento público que sacudió al peronismo

El senador nacional Jorge Capitanich rompió el silencio que hasta entonces mantenía la cúpula del Partido Justicialista. En una entrevista que rápidamente se viralizó, admitió abiertamente lo que muchos referentes del PJ solo se atrevían a susurrar en los pasillos del Congreso: «Una parte del peronismo respalda que las primarias no sean obligatorias». Esta declaración, recogida por Clarín y replicada en redes sociales como Instagram y Facebook, no solo revela una fractura interna, sino que también pone sobre la mesa una estrategia política clave: mantener la herramienta para definir al candidato presidencial sin someterse al veredicto de las urnas abiertas.

La confesión de Capitanich, quien además descartó ser precandidato según informó Perfil, golpea el centro del debate electoral. Mientras parte del oficialismo impulsa una reforma que elimine el carácter obligatorio de las PASO, otra facción se opone frontalmente. Lo que antes era un rumor de pasillo, ahora es una posición política explícita que redefine las reglas de juego dentro del peronismo de cara a 2027.

La interna que no se nombraba: liderazgo y competencia

En el mismo acto de sinceramiento, Capitanich lanzó una frase que resume la tensión actual: «Nadie disputa el liderazgo, pero vamos a garantizar que todos puedan competir». Esta declaración, captada en un video de Instagram del senador, desnuda la paradoja del PJ. Por un lado, existe un reconocimiento tácito de que la conducción del espacio no está en discusión; por el otro, la necesidad de preservar canales de competencia interna para evitar una implosión.

La interna real, sin embargo, no se dirime en debates públicos sino en la letra chica de la reforma electoral. Quitar la obligatoriedad de las primarias significa, en la práctica, que la cúpula partidaria pueda elegir a dedo al candidato sin necesidad de una elección abierta. Los sectores que apoyan esta postura argumentan que las PASO desgastan al partido y exponen heridas innecesarias. Quienes la rechazan, en cambio, ven una maniobra para cerrar el juego a las voces disidentes. La posición de Capitanich, al admitir el respaldo interno a esta medida, legitima un debate que hasta ahora se llevaba en secreto.

El núcleo de la reforma: ¿adiós a las PASO obligatorias?

La propuesta que divide al peronismo no es nueva, pero cobró fuerza en las últimas semanas. Se trata de eliminar el carácter obligatorio de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Según los defensores de la medida, esto permitiría a los partidos definir sus candidaturas mediante mecanismos internos más ágiles y menos costosos. Sin embargo, los críticos advierten que se trata de un retroceso democrático que concentra el poder en las cúpulas partidarias.

El diario Clarín tituló el pasado 1 de junio: «Parte del peronismo respalda la quita de la obligatoriedad de las primarias». La nota detalla que Capitanich fue el primero en hacer público ese respaldo, pero que en los corrillos del PJ la idea venía madurando desde hace meses. Mientras tanto, en redes como Facebook, la etiqueta #ClarinMiente refleja la polarización que genera el tema incluso entre los propios simpatizantes. Lo cierto es que la reforma avanza en el Congreso y podría definir el futuro del sistema electoral argentino.

Conservar la herramienta: el verdadero objetivo del PJ

Detrás del debate técnico sobre las PASO se esconde una estrategia política de supervivencia. Al eliminar la obligatoriedad, el peronismo conservaría la herramienta para definir a su candidato sin exponerse a una elección interna que podría fragmentar al partido. Capitanich lo expresó con crudeza: no se trata de eliminar la competencia, sino de controlar sus reglas. De esta manera, la conducción partidaria podría gestionar las candidaturas con mayor discrecionalidad, evitando sorpresas como las que en el pasado llevaron a figuras no oficialistas a imponerse en primarias.

Esta postura, sin embargo, choca con la tradición del peronismo como movimiento democrático y participativo. La historia reciente muestra que las PASO fueron utilizadas para canalizar disidencias internas sin romper la unidad partidaria. Al quitarlas, se corre el riesgo de que las diferencias se salgan del cauce institucional y deriven en fracturas abiertas. Por ahora, la balanza se inclina hacia quienes prefieren un control férreo de la selección de candidatos, con el argumento de que la unidad es más importante que la competencia.

Los que rechazan la medida: voces de oposición interna

No todo el peronismo acompaña la iniciativa. Sectores importantes del partido, especialmente aquellos con representación territorial y base militante, se oponen a la quita de obligatoriedad. Sostienen que las PASO son un mecanismo de participación que fortalece la legitimidad de los candidatos y evita que las decisiones se tomen en los despachos. Además, recuerdan que en provincias donde ya se eliminaron las primarias, los caudillos locales terminaron imponiendo candidatos sin consenso, lo que generó tensiones internas.

Las redes sociales reflejan esta grieta. En la publicación de diariochaco en Instagram, que obtuvo 43 likes y varios comentarios, se lee: «Capitanich admitió que una parte del peronismo respalda que las primarias no sean obligatorias». Entre los comentarios, abundan las críticas de militantes que consideran la medida un retroceso. Incluso dentro del propio Congreso del PJ, donde Capitanich habló de su candidatura, se escucharon voces disidentes que reclaman mantener el sistema actual. La pulseada promete intensificarse a medida que se acerque el tratamiento legislativo.

El futuro del peronismo: ¿unidad o control?

Lo que está en juego no es solo una reforma electoral, sino el modelo de partido que el peronismo quiere ser de cara a 2027. Si prospera la eliminación de las PASO obligatorias, el PJ se inclinará hacia un modelo más centralizado, donde la cúpula partidaria tiene la última palabra en la designación de candidatos. Si la reforma fracasa, el movimiento mantendrá su carácter más horizontal y abierto a la competencia interna. La postura de Capitanich, al reconocer públicamente que existe un respaldo mayoritario a la quita, sugiere que la primera opción es la que tiene más fuerza en este momento.

Sin embargo, nada está definido. Las resistencias internas son fuertes, y el costo político de cerrar el juego podría ser alto si la base peronista interpreta la medida como un autoritarismo partidario. La historia del justicialismo está llena de ejemplos en los que la unidad forzada terminó en fracturas irreparables. En ese sentido, la declaración de Capitanich no solo es un diagnóstico, sino también una advertencia: el peronismo debe decidir si quiere ser un partido de cuadros cerrados o un movimiento de masas con competencia genuina.

Conclusión: el tablero se redefine

La confesión pública de Jorge Capitanich ha destapado un debate que el peronismo mantenía en privado. Al admitir que existe un respaldo mayoritario para eliminar la obligatoriedad de las PASO, el senador chaqueño puso en evidencia la tensión entre la unidad a cualquier precio y la necesidad de competencia interna. Mientras unos ven en la reforma una herramienta para preservar el control partidario, otros la interpretan como un golpe a la democracia interna.

El futuro dirá si el peronismo logra conservar su herramienta de selección de candidatos sin fragmentarse, o si las voces disidentes logran imponer un sistema más abierto. Lo cierto es que, con o sin primarias obligatorias, el PJ enfrenta el desafío de mantener su identidad en un contexto político cada vez más polarizado. La decisión que se tome en los próximos meses marcará el rumbo no solo del partido, sino del sistema electoral argentino en su conjunto.